¡La enseñanza de la historia!
El Ministerio de Educación, lamentablemente, mantuvo por cinco años (2009-2014) fuera del plan de estudios la materia Historia de las Relaciones de Panamá y EE.UU. (restablecida por el actual gobierno a instancias del Movimiento Ciudadano por la Identidad Panameña), lo cual nos mueve a escribir sobre la importancia de la enseñanza de la historia.
La enseñanza de la historia es una tarea que encierra una gran dosis de análisis, empero, la determinación de lo que es o pudiera ser esta disciplina, a efecto de su estudio, cae en el ámbito pedagógico-didáctico. En esta materia, el problema consiste en hallar el modo de reducir y fragmentar la unidad del hecho pasado con el propósito de su enseñanza y aprendizaje. Así, conviene averiguar lo que es la historia para vislumbrar el fin al que ha de encaminarse.
Según Fernand Braudel, la historia "se nos presenta, al igual que la vida misma, como un espectáculo fugaz, móvil, formado por la trama de problemas intricadamente mezclados y que puede revestir, sucesivamente, multitud de aspectos diversos y contradictorios". Cabe traducir esta afirmación en términos pedagógicos, al afirmar que la historia es una información social, religiosa, moral, económica, política.
Esta disciplina considera al hombre en una forma integral, constituida por elementos científicos, técnicos, artísticos y de toda índole, factores que componen un repertorio de experiencias capaces de enriquecer la concepción del sujeto y modificar sus actitudes. La ejercitación de la memoria, de la imaginación y el cultivo de los sentimientos se dan de un modo constante en el estudio de esta materia. La biografía de un personaje, el desarrollo de una ciudad o de un pueblo han de considerarse como una unidad, una síntesis compuesta de múltiples factores.
En definitiva, la historia viene a ser una especie de representación del hombre. El acercamiento a la misma tendrá que contribuir a su educación integral como miembro de la sociedad. Para el acercamiento crítico y la visión unitaria, exigen una selección adecuada del material histórico. Ahora bien, una vez analizado brevemente lo que no debe ser esta materia, hay que buscar otros criterios para su selección, ordenación y estudio. En función de ello conviene ver el problema desde diversas perspectivas.
En primer lugar, existen dos coordenadas en las cuales no puede enseñarse la historia. Son el tiempo y el espacio, la cronología y la geografía. Una y otra tienen relaciones próximas y lejanas, además de sus mutuas conexiones. Este hecho exige un planteamiento especial y general de los acontecimientos del pasado.
EN ESTA MATERIA, EL PROBLEMA CONSISTE EN HALLAR EL MODO DE REDUCIR Y FRAGMENTAR LA UNIDAD DEL HECHO PASADO CON EL PROPÓSITO DE SU ENSEÑANZA Y APRENDIZAJE. ASÍ, CONVIENE AVERIGUAR LO QUE ES LA HISTORIA PARA VISLUMBRAR EL FIN AL QUE HA DE ENCAMINARSE.
En segundo lugar, el pasado se representa como movimiento evolutivo: el clan pasa a la aldea, esta a la ciudad y así sucesivamente, para alcanzar el grado de nación. La expansión cambia por completo los límites, transforma el paisaje y choca con otros influjos de la misma índole. Lleva consigo una serie de necesidades, ambiciones, luchas, resistencias, mezcla de razas; ventajas y desventajas. El hombre va desde la utilización del hacha a la energía nuclear, pasando por un periodo largo y gradual. Los inventos han convertido el mundo en un solo escenario, como sucede con los de la comunicación. En el siglo XVI tardó Descartes seis meses en recibir la noticia de la condena de Galileo. Hoy, en cambio, pueden contemplarse sucesos en el mismo instante de su acontecimiento.
En el aspecto religioso, se ha pasado de la superstición, creencia en las fuerzas naturales, misteriosas, invencibles, a la idea del Ser Supremo; de la concepción limitada de la fe como verdad-falsedad, fiel-infiel y las luchas sangrientas, a la idea de hermandad basada en la dignidad misma del hombre. Por tanto, el contenido debe ser una unidad significativa, cuya característica primordial sea la evolución. La ciencia, la tecnología, las artes, la civilización, deben ser, en una palabra, la expresión del gran fenómeno: el progreso.
Finalmente, junto a los dos criterios anteriores, impuestos por leyes y normas objetivas, existe una tercera consideración. A esta edad, hay una gran afición a la biografía, a la aventura y a lo exótico. Por ello, el contenido ha de dar mucha cabida a estos aspectos, basarse en ellos para acercar la materia.