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La esclavitud tiene precio


Guillermo Ávila (guillermo.avila@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Partamos de una premisa. El comercio ilícito constituye un antiguo e inevitable efecto secundario de las economías de mercado o del comercio en general.

Como tal, el tráfico de seres humanos y, en su efecto, la trata de personas, representa la más sórdida de las formas en que se desplaza la mano de obra en la cada vez más volátil economía global. Sus víctimas acaban “trabajando” en fábricas, plantaciones, talleres o en el servicio doméstico. También en centros nocturnos.

En este último punto el tema del engaño cobra mayor fuerza, sobre todo en nuestro país. Existen numerosas rutas de esclavitud sexual: de Myanmar, China y Camboya a Tailandia o Indonesia; de Rusia a los Emiratos del Golfo; de Filipinas a Japón; de Colombia, República Dominicana e incluso Honduras a Panamá…

Ya el trayecto de esas mujeres resulta degradante. Los encargados de reclutarlas cobran una fuerte suma.

A las incautas, las convencen con falsas promesas de empleo como modelos, secretarias o dependientas. A veces se las rapta. Después de cruzar la frontera con la complicidad de funcionarios corruptos y empresas (fachadas a veces legales y visibles), se les prepara para la explotación sexual. Ellas acumulan deuda (2 mil dólares el pasaje aéreo y más). Y deben pagar. Drogas, palizas y hasta violaciones completan el paquete.

Sin embargo, existe una razón más profunda –y trágica– para el comercio de seres humanos: el deseo de cualquier persona de encontrar una vida mejor para sí y su familia.

De acuerdo a la ONU, existen 30 millones de personas esclavizadas en el mundo. Panamá está en nivel 2, lo que implica una alerta.

Este mes en el país se da el vamos a una campaña contra la trata de personas. Ahora, el tráfico de seres humanos con fines sexuales no debería oscurecer otras formas del mismo, como el cautiverio basado en supuestas deudas, y los demás fenómenos relacionados en el trabajo de índole no sexual realizado en fábricas, talleres y locales. También el tráfico de órganos.