¡La esperanza como un remedio humano!

Por: Redacción 28/08/2017

 

La esperanza ha sido definida de muchas maneras. En término general, se define como uno de los sentimientos más positivos y constructivos que puede experimentar un ser humano. Algunos sostienen que la esperanza es un estado de ánimo optimista en el cual aquello que deseamos o aspiramos nos parece imposible. En ese sentido, la esperanza supone tener expectativas positivas relacionadas con lo que es favorable y que se corresponde con nuestros deseos.

También se dice que la esperanza muchas veces sirve de aliento, para no perder la serenidad, ni perder de vista lo que se desea alcanzar. De allí que la esperanza alimente positivamente nuestras aspiraciones. Del mismo modo, desde el punto de vista más pragmático, la esperanza se puede asociar con la idea vana de lograr cosas o realizar nuestros deseos, dejándolo todo a la esperanza y olvidándose de la acción, como si pudiéramos conseguir nuestros objetivos sin intervención para su concreción.

Hace años leí de un sacerdote que al acercarse a una mesa, dijo, en devota oración: "Ayúdame Señor a dar pan a los que tienen hambre y hambre a los que tienen pan". A primera vista, pedir hambre para los que tienen pan puede parecer egoísta o mezquino. Pero no se solicita el hambre como castigo sino como lección; se busca la privación no para que atormente sino para que enseñe. Y hay que reconocer que el hambre es un maestro elocuente. Tal vez por no haberlo sufrido son insensibles muchos de los que viven en la abundancia.

Necesitamos cultivar el espíritu de solidaridad social; buscar atenuar con un contacto de extremos los peligros de la abundancia y los males de la escasez. Sería un gesto arrollador y convincente poder exclamar con beligerancia: ¡Buscamos paz! Porque en la guerra se unen el pobre y el rico, a sabiendas de que la amenaza es para ambos igualmente inminente y grave.

La guerra contra la miseria, en cambio, al no afectar a los acaudalados no alcanza similar identificación.

Pero, hablemos más sobre la esperanza. De lo que hablan con frecuencia los politiqueros. La esperanza es un remedio que alivia antes de haberlo alcanzado. El camino de la esperanza es fácil de encontrar; no se requieren recursos materiales: basta con la buena voluntad que Dios ha puesto, sin restricciones, al alcance de todo ser humano. Ponerse en camino hacia el bien es obtener, de hecho, gran parte de los beneficios. Sin embargo, no somos partidarios de limosnas sino de la cooperación, porque no miramos simplemente los efectos sino las causas.

La pobreza y el atraso en el campo inducen al hombre y la mujer campesinos a abandonar la tierra y a dirigirse a la urbe, bajo la atracción irresistible del espejismo de mejores condiciones de vida. El agro pierde así sus hombres más activos y necesarios, quedando en él los más indolentes.

Hay que revitalizar la vida campesina, crear en cierto modo "un banco rural de esperanza" para impedir que el hombre habituado a cultivar la tierra venga a la ciudad a cultivar la miseria, como desocupado, vagabundo, mendigo o delincuente.

Debemos atacar el problema en sus mismas raíces campesinas, evitando la hipertrofia de nuestras ciudades que poco o nada ofrecen al agricultor desarraigado. Sería un aporte efectivo al freno de la delincuencia y la violencia.

*Pedagogo, escritor, diplomático.

 

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Martes 14 de julio de 2026