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La esperanza no falla si permanece viva la fe


Rómulo Emiliani (opinion@epasa.com) / Monseñor

No hagas caso de personas que te dicen que “no hay nada que hacer” y que insisten en que “todo está perdido”. Que suman sucesos tristes y negativos, uno tras otro, y con eso dicen probar que “para qué luchar”, que lo mejor es detenerse y rendirse ante las contrariedades de la vida. No hagas caso de tu propio yo, en el que se ha debilitado la fe y te dice: “no seguiré esforzándome, no continuaré la lucha, porque al final siempre fracasaré”. No te dejes aturdir por las noticias negativas de los medios de comunicación, que resaltan de manera obsesiva lo trágico, dando la impresión de que no hay cosas buenas en el mundo. Levanta la mirada y contempla al Dios que tiene todo el poder y la gloria, y repítete: “Con Dios venceré”. Mantén viva la fe en Él y la esperanza en que Dios no te dejará solo, de que Él vencerá.

Espera todo en Él y sigue caminando, y cuando caigas, levántate y continúa tu marcha ascendente buscando la perfección del amor.

“Y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado”, Rom 5,5. Y Dios es amor, por lo que si vivimos en Cristo que todo lo puede y si Él está con nosotros, Él, que sostiene el universo entero en la palma de su mano y tiene las puertas del cielo abiertas para nosotros, nunca nos abandonará. No tengamos miedo, porque “somos más que vencedores gracias al que nos amó”, Rom 8,37. Recordemos que “los ojos de Yahvé están sobre aquellos que le temen, sobre aquellos que esperan en su amor, para librar su alma de la muerte y sostener su vida en la penuria”, Sal 33, 18-19.

Él es siempre fiel, el que nunca falla: “Bien sé yo que mi defensor está vivo, y que Él, el último, se levantará sobre la tierra. Después con mi piel me cubrirá de nuevo, y con mi carne veré a Dios. Yo, sí, yo mismo lo veré…”, Job, 19,23-27. La esperanza nunca falla; gracias a ella nos mantenemos en pie y tenemos la certeza por la fe de que Dios hará su obra, de que transformará lo que era malo y doloroso en algo sublime y maravilloso. Sabemos que para Él nada es imposible, y si tuviéramos “fe como un grano de mostaza”, le diríamos a esos montes de desesperación y angustia que se fueran, y así harían.

“Demos gracias a Dios, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido”, Col 1,12-13. El amor de Dios Padre misericordioso nos ha regalado la presencia de su Hijo santo, quien en el Espíritu nos ha elevado a la categoría de hijos de Dios y por lo tanto herederos del cielo. San Agustín dice que: “Esta es la única vida verdadera, la única vida feliz: contemplar eternamente la belleza del Señor, en la inmortalidad e incorruptibilidad del cuerpo y del espíritu”. Todo gira alrededor de la eternidad. Nosotros tenemos toda la confianza puesta en Él y sabemos que la esperanza nunca falla, porque lo que Él promete lo cumple.

Y Él nos ha dicho que nos tiene preparada una morada en el cielo, y por eso murió, para pagar el precio de nuestro rescate con su preciosísima sangre.

“El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?... Espero habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida…. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor”, Sal 26,1.4.14. No perdamos nunca la esperanza porque Dios nunca nos fallará. “Mientras que a los que esperan en el Señor, él les renovará el vigor, subirán con alas como de águilas, correrán sin fatigarse y andarán sin cansarse”, Isaías 40,31. Muchas veces hemos experimentado una fuerza que viene de lo alto y que nos impulsa por dentro a continuar nuestra lucha por un mundo nuevo, en medio de un contexto de dificultades.

San Pablo dice que “si nos fatigamos y luchamos es porque tenemos puesta la esperanza en Dios vivo, que es el Salvador de todos los hombres, especialmente de los creyentes”, 1 Tim, 4,10. Por lo tanto, ponga su confianza en el Señor, espere contra toda esperanza, que Él no le fallará, con Dios usted es invencible.

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Viernes 14 de agosto de 2026