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La eterna dinastía Kim
Con la pompa y la soberbia exhibición de uniformidad y obediencia colectiva de los actos de masas típicos de estados totalitarios, el Partido de los Trabajadores de Corea (PTC) puso fin a su congreso y entronizó – formalmente- el poder absoluto del dictador Kim Jong-un.
Ante la falta de democracia y mecanismos institucionales democráticos verdaderos, la dinastía comunista de los Kim ha recurrido a esos espectáculos prefabricados cargados de poder simbólico.
Creo que la celebración de este nuevo evento magno, el VII Congreso del PTC con sus 3.500 delegados, tiene objetivos internos y externos.
Aunque los Kim son gobernantes absolutos, necesitan de revestirse de legitimidad ante los ojos de la sociedad oprimida. Es un imperativo de la política en cualquier sistema. Kim ya ostentaba el cargo de primer secretario, y ahora ha sido nombrado como presidente del PTC.
El último congreso del partido fue en 1980. El fundador de la dinastía, Kim Il-sung, hizo elegir al padre del actual dictador, Kim Il-jong, como secretario general del partido. Fue la consagración del papel de heredero. El primer Kim fue “el gran líder”; se le sigue rindiendo el culto debido a un dios, pues es el “presidente eterno”. Kim Jong Il, otra divinidad de facto de la propaganda, fue el “querido líder”. Todavía está por definirse el título del presente gobernante para la posteridad.
La ideología del régimen es el “zuche” o “juche”, término que se explica como autosuficiencia y es una adaptación del marxismo a las condiciones coreanas.
En su discurso principal ante el congreso, Kim Jong-un, de 33 años, enfatizó que seguirá la estrategia de desarrollo nacional llamada “byongjin” (desarrollo paralelo), la cual promueve la continuación del programa nuclear y la reactivación de la postrada economía de tipo soviético-estalinista. Una curiosa combinación en un país que ha experimentado salvajes hambrunas.
En un guiño de ojo a Estados Unidos, Corea del Sur y Japón, Kim prometió que su país no sería el primero en usar armas nucleares y que solo recurriría a ellas si es atacado. Sin embargo, no dio detalles que permitan tener una mejor idea de sus planes económicos.
Por otro lado, se pretende transmitir una postura de fuerza y desafío tras la aprobación de severas sanciones económicas –apoyadas incluso por su padrino, China- que pretenden impedir a Corea del Norte proseguir con su programa nuclear.
En enero, Norcorea llevó a cabo una cuarta prueba nuclear. Ha seguido disparando misiles. En semanas inmediatas anteriores al congreso, hubo dos pruebas balísticas fallidas.
Estados Unidos, Corea del Sur y Japón pretenden forzar a Pyongyang a la mesa de negociaciones para detener su programa armamentista. Hasta China expresó su hartazgo con el aventurerismo.
¿Pretende este mostrar fuerza antes de acceder a una negociación o quiere reiterar un desafío? Como es costumbre de su estilo misterioso e imprevisible, el régimen comunista norcoreano no lo ha dejado claro.
Analista de asuntos asiáticos, Taiwan Fellowship Progran 2016.