La ética en la economía
Incorporar valores éticos en todas las transacciones económicas implica un deseo profundo de transparencia y deseo verdadero de hacer las cosas bien en cada uno de los procesos, en los que la premisa, como ente rector, debe ser reglas claras, respuestas completas a todas las interrogantes, ya que las mismas nos deben guiar con el objetivo de no permitir ninguna duda en cada uno de los pasos realizados. Cuando está ausente la ética, los empresarios se quejan de deshonestidad en las transacciones, en las que la cultura del juegavivo está por encima de los verdaderos valores éticos, económicos, por tal motivo, la práctica de la ética en la economía requiere que todos los agentes garantes del proceso o acción pública sean transparentes y descarten dudas, ni antes ni después, en cada paso o en las normas que rigen cada contrato o licitación, dando el verdadero paso a la ley, donde la aspiración de cada una de las partes mantenga un sentimiento de equidad, producto de una competencia justa y ética.
Lo peor de todo es cuando la deshonestidad se asimila como normal y es considerada como parte de nuestra idiosincrasia cultural, lo que genera en la mala imagen de un país o nación, en este sentido se crea una comunidad corrupta en la que los empresarios serios y con moral corren el riesgo de ser apartados y decepcionados; aún más grave se torna esto cuando se implementan leyes en las que se le tuerce el brazo a la ética en beneficio de unos pocos, lo que genera la inseguridad jurídica y el grado de inversión se ve diezmado lentamente, hasta que se percibe un freno en los empleos y la decepción laboral llega hasta el mismo pueblo.
Cuando se practica la ética en la economía, cada empresario que gana un contrato se siente seguro de haber presentado la mejor propuesta dentro de su análisis y capacidad financiera, se siente animado por la inversión que realizó, certeza en los beneficios que recibirá y seguridad en el contrato ganado y que dicha decisión será respetada; mientras aquel que pierde debe mostrar un altruismo empresarial combinado con un gran grado de humildad y respeto de todo el proceso, debido a que para un verdadero empresario el perder no es un concepto dentro de su diccionario personal, pues todo lo asimila en su mente como una fuente de aprendizaje, en la que los retos y desafíos son materias que siempre ha cursado, dominado y las mismas le han enseñado que un verdadero empresario tiene poder económico y autoridad moral, la cual le ha permitido entender el sacrifico y perseverancia al reconocer que no fue el favorito, pero tampoco el rezagado.
Docente y político