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La Ética en la religión

Por: Redacción 20/04/2017

El término religión viene del latín que significa "religar o unir", en su aplicación práctica sería volver a unir lo que había separado al hombre de Dios en el paraíso. Está intrínseca la necesidad del ser humano de buscar esa razón de ser que le permita conocer y dominar su entono sobre todo los momentos en los que la razón no ofrece la respuesta que la fe ofrece; en tal sentido, la religión es una metodología que busca desarrollar los pasos para que el hombre pueda volver a unirse a Dios de forma efectiva. Vienen incluidos los valores éticos y morales por la lógica, la cual debe desarrollar para lograr convencer a las personas que su religión es la correcta, pero aquí entra el debate entre las demás religiones de cuál sería el método más eficaz para lograr ese objetivo, la comunión entre Dios y el hombre; surge la discrepancia cuál sería la mejor religión, lo incorrecto será criticar a las demás religiones para mostrar que una sola es la mejor, con el propósito de lograr el mayor número de adeptos y superar a las demás, olvidando que la verdad está conforme a la realidad de valores que promueven la dignidad humana y no una doctrina.

Moralmente, es difícil saber qué líder religioso es correcto ante los ojos de Dios, sobre todo cuando se trata de dinero para la obra de Dios, ya que no es malo pedir dinero, lo malo es no usarlo para los propósitos encomendados y pedidos por Dios. El dinero es fundamental para realizar las obras y actividades debidamente programadas y estipuladas en una agenda pastoral. Lo incorrecto es no presentar un informe público económico a toda la congregación, argumentando que es dinero de Dios y no se debe cuestionar, pero desde una verdadera ética cristiana, es todo lo contrario, porque no se debe permitir llegar hasta el nivel de cuestionamiento y la especulación que deteriora la fe; en primer lugar, se debe practicar la transparencia en los informes económicos, a los cuales deben tener acceso todos los miembros e incluir un programa de metas a corto y largo plazo para la Iglesia, para que todos puedan evaluar el grado de pertenencia, compromiso y retos.

La inquietud dentro de la Iglesia se ve en la transparencia en el uso de los dineros que entran y sus fuentes de donación, pero algo sí es cierto que no se puede medir el nivel de honestidad de un pastor debido a que es hilo muy delgado que no ve el hombre, solo Dios lo puede ver, y aquí es que se aplica la verdadera ética de un hombre de Dios: vivir conforme a sus valores cristianos y ser el modelo en materia de justicia social dentro de su organización, eso es ser luz del mundo, donde el modelo de transparencia  sea el paradigma, incluso para la admiración pública. No existe el hombre perfecto delante de Dios, solo existe el hombre que reconoce que es carne y hueso, y lucha con su propia realidad humana y divina, para poder servir con fidelidad a su vocación, aquí puede inclinarse entre la humildad o la soberbia. Lo cierto es que la seriedad y humildad del compromiso que él tenga y su relación personal con Dios, dependerá su coherencia de vida, en tal sentido, moralmente, cada uno debe evaluar su moral desde su conciencia para no vivir de proyección, viendo a los demás.

La vocación de salvar almas es un ministerio superior al humano, y nunca habrá espacio para decir que Dios se equivocó, al decir que "Dios me llama a ser político", ya sea de un partido político o independiente, moralmente esto sería jugar con la fe y la sencillez de las personas, son líneas de trabajo parecidas, pero en esencia diferentes, sobre todo porque para ser un buen cristiano en la política debes denunciar sin miedo todo lo que ves, pero cómo lo vas hacer si vives de lo que criticas. Esto se hace más grave cuando termina el periodo político y regresas al altar de Dios para pastorear almas, pero el calificativo que cae desde el evangelio es de ser un pastor que abandona las almas. Soy del criterio que el pastor que quiera dejar el pastoreo por la política lo haga consciente y libremente, pero no regrese.

Es cierto que los cristianos deben participar de la política, por ser luz del mundo en medio de las tinieblas, pero no es aplicable a pastores, por su vocación divina, la política partidista es aplicable solo a los miembros de la Iglesia y líderes que tengan el llamado de Dios a ser dirigentes políticos.

Docente y político

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