La extraña matemática del Gobierno: las Cuentas del Gran Capitán
De acuerdo con la versión electrónica de un importante medio escrito de la localidad, un alto funcionario del actual gobierno, intentando demostrar que en el país no existen problemas con la actual trayectoria de la economía, encontró que su mejor argumento era alegar que “Panamá creció 6.3% en el año 2014, casi seis veces más de lo que creció el PIB promedio de los países de América Latina”. Pese a la aparente contundencia de la explicación, lo cierto es que la misma contiene un claro sesgo, el cual oculta algunos de los rasgos más importantes del actual movimiento de la economía nacional. A continuación se precisa con algunos ejemplos esta situación.
Para comenzar, teniendo en cuenta la necesidad de que los altos funcionarios de gobierno hagan declaraciones precisas, vale la pena recordar que, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadísticas (Inec), la tasa de crecimiento de la economía en el 2014 fue de 6.2% y no de 6.3%. Pese a que ambas cifras resultan claramente similares, no deja de ser cierto que los encargados de la cosa pública, sobre todo si son miembros del gabinete, deberían conocer con exactitud y no por aproximación los hechos más fundamentales del devenir de la economía nacional.
LA MIOPÍA POLÍTICAMENTE ADQUIRIDA DE LA ADMINISTRACIÓN GUBERNAMENTAL FRENTE A LA DESACELERACIÓN OBVIAMENTE NO AYUDA EN NADA. MÁS BIEN EL PRESIDENTE Y SUS MINISTROS DEBERÍAN PREOCUPARSE POR ENCONTRAR LA EXPLICACIÓN CORRECTA DEL FENÓMENO, A FIN DE PROPONER UNA ESTRATEGIA EN RELACIÓN CON EL MISMO.
Además, los miembros del Consejo de Gabinete, de quienes debemos asumir que tienen un nivel académico adecuado a sus funciones, deberían tener la capacidad de entender que una cifra sometida a comparación siempre es relativa a aquella que le sirve de contraste. El hecho de que una medida para ser evaluada necesita de un punto de cotejo, es un elemento claro para cualquiera que posea un nivel cultural medio. Es en este sentido que el alto funcionario gubernamental debió tener en cuenta que el crecimiento anual de la economía panameña en el 2014 fue un tercio inferior al observado durante el trienio 2011 – 2012, cuando la economía creció a una tasa promedio anual de 9.3%. Se puede observar, entonces, una desaceleración reciente de la economía, siempre y cuando se le dé un manejo científico a las estadísticas.
Si se tiene en cuenta, por otra parte, que el actual gobierno solo actuó en la segunda mitad del año 2014, resulta todavía más evidente el fenómeno de la desaceleración señalada anteriormente. Es así que mientras que en el tercer trimestre del 2013 el PIB creció a una tasa del 7.9%, al compararse con el mismo periodo del año anterior, un cálculo semejante para el tercer trimestre del 2014 solo registra un crecimiento del 6.5%. Así mismo se puede observar que durante el cuarto trimestre del 2013, el PIB creció a un ritmo anual de 11.4%, en condiciones que este agregado económico se expandió a una tasa anualizada del 6.5% durante el mismo lapso temporal durante el 2013. A esto se debía agregar que, de acuerdo con datos del Inec, hacia febrero del presente año, el índice de actividad mensual (Imae) mostraba en términos agregados un crecimiento del 5.3% acumulado en su componente ciclo–tendencia.
La miopía políticamente adquirida de la administración gubernamental frente a la desaceleración obviamente no ayuda en nada. Más bien el presidente y sus ministros deberían preocuparse por encontrar la explicación correcta del fenómeno, a fin de proponer una estrategia en relación con el mismo. En ese análisis, si bien se deben reconocer los factores del contorno externo, también es importante aceptar que la caída de la inversión pública en la construcción es uno de los fenómenos actuantes, tal como se indica, por lo menos implícitamente, en el comentario a la cifras del Imae, publicado en abril por el Inec. Más aún, si tomamos en cuenta el llamado fenómeno del efecto acelerador, el que todo economista profesional conoce, se debe tener en cuenta que una baja en la tasa de crecimiento del producto puede afectar negativamente los niveles de inversión en relación con el producto, creando una tendencia adicional hacia la desaceleración.
Resulta, entonces, necesaria una discusión a nivel nacional en la que no solo se reconozcan los signos de desaceleración de la economía, sino que también se acepte que el actual modelo de crecimiento sigue manteniendo una inadecuada distribución del ingreso, la cual margina a las grandes mayorías de los beneficios del crecimiento. Así mismo se deberán discutir los problemas relacionados con el ambiente. Se trata de la generación democrática de una verdadera estrategia nacional de desarrollo, diferente, por cierto, a la contenida en el poco útil documento publicado recientemente por el gobierno de turno bajo el título de Plan Estratégico de Gobierno 2015 – 2019.