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La familia tradicional versus el matrimonio entre los de igual sexo


Clarence C. King (opinion@epasa.com) / Planificador eléctrico jubilado

Hoy, en nuestro mundo contemporáneo, el matrimonio parece haberse convertido meramente en una estrategia de supervivencia para la división de ingresos, dejando atrás ese presunto pacto honorable entre dos seres de sexos distintos y comprometidos ante su comunidad. Activistas gay y lesbianas y los “progresistas” que les instan a seguir adelante, tratan de redefinir el matrimonio con el fin de lograr una agenda ideológica, que en última instancia pretende describir a la familia simplemente como una de otras tantas “unidades sociales”. Estamos en medio de una feroz batalla, que ya no es sobre leyes ni derechos. Es sobre una simple palabra: matrimonio, y también sobre la agenda homosexual.

Estos grupos tienen el mismo derecho que tenemos todos. Pero la lucha por “sus derechos” indica que no saben cuál es la base para los derechos. El “matrimonio gay” y el de los heterosexuales no es un derecho. Los derechos no son algo establecido por los Gobiernos. Si así fuese, no serían derechos, sino privilegios. Los derechos se basan en la creencia fundamental del valor intrínseco del ser humano; un valor que se deriva de nuestra visión bíblica que muchos prefieren ignorar. El matrimonio es una institución fundamentalmente religiosa en el que los Estados no deben entrometerse. En tal sentido, el Dios bíblico, hasta la fecha, ha sido la única base racional para la moral. El punto de vista moral del hombre, como todos sabemos, es arbitrario y por ende, irracional, lo que lleva a conclusiones absurdas, y es por eso que estamos en este lío matrimonial para empezar.

No todas las leyes que se promulgan son morales, y el hombre tiene todo el derecho de disentir de leyes promulgadas que son inmorales, que socavan los cimientos de su cultura y que riñen con su tradición, su familia, su sociedad y el sentido común. Creo que deberíamos tomar un momento para repasar el “plan original” y volver a empezar.

El matrimonio entre personas del mismo sexo es un experimento social. No sabemos cuáles serán las consecuencias ni el resultado de ese experimento, y no lo sabremos por muchos años. Pero lo que sí sabemos es que por miles de años la familia tradicional ha probado ser altamente exitosa y beneficiosa para la crianza y cuidado de nuestros hijos. No solamente es la situación más óptima para ellos, sino también la más barata en todo sentido. Entonces, si tenemos en un mismo paquete lo mejor y lo más barato para la niñez y para la sociedad, sería una necedad adulterar y mutilar su definición y contenido afectando a la generación actual y futura.

No contaminemos las mentes maleables de niños pequeños con la idea de que la homosexualidad es la norma, en lugar de una desviación de la misma. El “matrimonio gay” no es más que una extravagancia innatural que sus partidarios alegan ignorantemente que es un “derecho”. En nombre de la “igualdad en el matrimonio”, el “matrimonio gay” deja al niño consciente de que su familia no es del todo igual, natural ni completa. Sus ideólogos ignoran por completo la “perspectiva de igualdad” del niño.

Los niños necesitan a sus dos padres. Las mamás y los papás interactúan de forma diferente con sus hijos. No importa que tan compasivo y atento es el hombre, no puede sustituir a una madre ni una mujer a un padre. Hay diferencias generales en el afecto y la interacción entre madre/hijo que son categóricamente diferentes al de padre/hijo u otra persona/hijo.

Estamos bombardeando a nuestra niñez antes de que madure su mente y cuerpo con todo tipo de expectativas sexuales, incluso antes del desarrollo de un sistema de apoyo de fe y moral. Por definición, se trata de adoctrinamiento.

Por otro lado, la élite que gobierna el mundo ha encontrado la fórmula de distraer la atención social de la economía mundial que está desmoronándose por toda Europa y América. Han encontrado en el “matrimonio gay” y en la orientación sexual, agendas totalmente insignificantes, el pretexto de distracción perfecto y lo han hecho su prioridad, y tienen al mundo entero debatiendo ese sin sentido ideológico. La mayoría de la gente siente que deberían arreglar la economía primero antes de gastar capital político en un asunto de tan poca importancia comparado con el desempleo, cierre de empresas, la recesión y disminución del poder adquisitivo.

Por otro lado, la lucha de los “gays” no es equivalente a la lucha de los grupos negros. Hay una diferencia fundamental entre lo que la persona Hace y lo que la persona Es. Etnia y el color de la piel se refieren a lo que la persona es, mientras que la homosexualidad se refiere a lo que la persona hace, no su apariencia, sino su conducta, que es su elección.

Por otro lado, el “matrimonio gay” es un abuso de poder impuesto, una subversión tiránica de los principios fundamentales del matrimonio. Es el simple capricho de una generación ignorante, ciega y egoísta cuya conducta es una vergüenza para la humanidad.

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Viernes 14 de agosto de 2026