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La familia y el dinero

Por: Redacción 20/01/2017

Monseñor. Soy la menor de siete hermanos y en mi casa siempre se ha hablado de dinero, se ha peleado por dinero. Mi abuelo fue un comerciante toda su vida. Compraba tierras, las vendía; compraba ganado, lo vendía. Fue tramposo, hábil, usurero y le encantaban las mujeres. Al final lo mataron cuando intentó vender unas vacas robadas que había comprado. Para mi abuelo, el dinero era un dios. Mi papá ha sido igual, con mayor fortuna, ya que en la ciudad logró comprar en tiempos de crisis algunas casas y revenderlas bastante bien. Se dedicó también al negocio de los mariscos. Pero toda su conversación, rabietas, preocupaciones, tienen que ver con dinero. Solo va al templo cuando anda con problemas en los negocios y manda decir misas para que Dios solucione sus conflictos. Cuando dice que el Dios católico no lo oye, va donde los evangélicos y paga el diezmo esperando la bendición. Soy soltera. Quiero irme de esa casa. Mis hermanos son igualitos a mi papá. Todo es por el dinero. Dos de ellos no se hablan con el resto por unos negocios familiares. Yo sí voy a misa y pertenezco a un movimiento de Iglesia. Tengo un novio que es vendedor de carros y que nadie en mi casa quiere porque no es rico. Es bueno, decente, trabajador, creyente, sin vicios. Quisiera casarme pronto e irme de la casa, pero por ahora no podemos. Mi papá dice que si me caso, no dará un centavo para mi matrimonio.

Estimada señorita, primero quiero decirle que Dios no escucha, no acepta esas intenciones de misa pidiendo favores económicos. Es más, como hay una idolatría del dinero en su casa, la adoración al becerro de oro impide que el Señor bendiga ninguna de sus acciones comerciales. Como se adora un dios falso, las rivalidades y peleas estarán a la orden del día. Claro, Dios sigue amando a su padre y hermanos. Pero el Señor no acepta convivir en el corazón de nadie con un dios falso. Y esto es un problema porque la persona que adora al dinero como un dios termina haciendo lo que sea para tener más.

Su familia, lamentablemente, está arrodillada ante el becerro de oro. El dios dinero impide que sus adoradores hagan las cosas por amor, por compasión, buscando el bien de los demás.

En el caso de su familia, se vive de manera doméstica el gran drama de la civilización moderna, donde todo se mide por el interés económico. Y así como el mundo pasa ahora por el desastre del cambio climático que está ocasionando sequías espantosas y el calentamiento del globo terráqueo, su familia se ha dividido, creando odios internos que secan y marchitan toda expresión de amor y de ternura. 

Manténgase alejada de cualquier influencia negativa de su familia. Adore al único Dios que es misericordioso, y si ama a esa persona, cásese, no importan los aprietos económicos que vendrán, que la providencia divina nunca fallará. Con Dios, usted es invencible.

Monsseñor

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Miércoles 15 de julio de 2026