La farsa del boxeo
Todavía recuerdo aquellos tiempos gloriosos del boxeo, cuando dos organizaciones competían por tener los mejores boxeadores del mundo. Todo cambió al multiplicarse las organizaciones de boxeo cuando, en lugar de aumentarse la competitividad del deporte, se dio cabida a un montón de mediocres o “bultos”.
Desde luego, esos “bultos” no aparecieron solo para perder. Les dieron opciones de ganar algunas peleas, incluso, títulos mundiales. Recuerdo que se optó por tener un juez de cada una de las nacionalidades de los contrincantes en una contienda, más uno, supuestamente neutral, quien era el que prácticamente decidía el encuentro. La caída de la calidad del deporte fue tal que muchas “momias” retiradas se sintieron con opciones de regresar al cuadrilátero.
La última vez que sintonicé un evento boxístico fue cuando Eusebio Pedrosa salió del retiro para sumase a esas “momias”. En realidad el compatriota hizo un mejor trabajo que su contrario, un mejicano, pero, por alguna razón, los jueces vieron ganar al mejicano. La decisión fue tan extraña que los comentaristas, también mejicanos, admitieron que Pedrosa había ganado la pelea. Desde ese entonces, las únicas transmisiones boxísticas que he visto son las que he tenido que ver por estar en compañía de amigos que deseaban verlas. Esa caída del boxeo fue tan estrepitosa que un famoso comentarista decide, a mi juicio, incluir comentarios políticos en su programa deportivo, para mantener la sintonía de fanáticos defraudados.
Recientemente me tocó ver un combate entre una “momia” mejicana y un europeo que creo poder ganarle boxeando. A pesar de que el encuentro lo ganó quien a mi juicio lo merecía, el mejicano, nunca entendí cómo dos individuos con tantas deficiencias boxísticas estuvieran disputando un campeonato. El combate fue tan deslucido que los comentaristas, también mejicanos, manifestaron que el ganador del mismo debería retirarse.
Pero ¿Por qué tantas personas se interesan en ese espectáculo, a pesar de sus constantes insatisfacciones? Los he visto hacer fuertes señalamientos sobre los jueces o los pugilistas, pero lo siguen viendo.
Me he convencido de que muchos se mantienen como fanáticos del boxeo porque necesitan hacerlo. Lo asocio a la misma necesidad que sienten aquellos que cada cinco años votan por ciertos políticos, para luego sentirse, como siempre, arrepentidos de votar por ellos. Parece ser la misma necesidad que otros comentan es la razón por la cual muchas personas se mantienen en una religión, a pesar de los escándalos en que estén involucrados sus líderes religiosos. Necesidad que muchos confunden con fe.
Me pregunto cuántas de nuestras acciones son meros reflejos involuntarios de necesidades que rayan en la alienación. Me pregunto el porcentaje de la actividad económica mundial que es controlada por bellacos que no solo se aprovechan de esas supuestas necesidades, sino que contribuyen a crearlas.
Químico
