default

La fe es la riqueza más grande


Hna. María Esperanza López. R.C.S. (opinion@epasa.com) / Religiosa

Año de la fe, año de gracia y bendición, es hacer un alto para tomar conciencia de lo que tengo: Qué creo, por qué creo, de qué me sirve lo que creo y qué hago con lo que creo. Gran inicio para ir echando raíces fuertes, profundas y firmes. El año de la fe que inauguró el papa Benedicto XVI –La Puerta de la Fe. Oportunidad para darme cuenta de este gran don, regalo, gracia y gracia perenne que no tiene precio “La Fe-regalo maravilloso con el que he sido adornado desde el día de mi bautismo”.

Es mi deber y responsabilidad con el pasar de los años ir alimentándola. ¿Y cómo? 1) Frecuentando y recibiendo los sacramentos, especialmente la confesión y la eucaristía. 2) La oración diaria a veces a solas, en flia o en comunidad. 3) Sacando tiempo para el estudio, la reflexión, retiros, encuentros con temas de doctrina católica. 4) Participando en algún grupo parroquial. 5) Sirviendo con celo apostólico en algún ministerio. 6) Saboreando y practicando cada día la Lectio Divina; teniendo como modelo a la mujer creyente que dijo siempre sí, María Santísima, que con su gran amor, creyó, confió, esperó y se entregó hasta llegar a exclamar “El poderoso ha hecho obras grandes en mí”. María Santísima, la mujer fuerte del Evangelio que fue capaz de demostrarnos que cuando se da un sí es dejar que las huellas del amor de Dios hagan maravillas.

La fe es confiar, abandonarse en las manos de Dios, creer y ser fiel en todo momento; es saber ver en las dificultades, incredulidad, problemas, accidentes y sinsabores que trae la vida como un camino de crecimiento en la fe. Es la oportunidad para rescatar y valorar este tesoro precioso que hemos recibido y que no se puede estancar. Es tu deber como cristiano, fortalecer, revivir, purificar y crecer en la fe. La Iglesia católica te ofrece todos los medios, aprovéchalos… La fe no se compra, no se vende, no se negocia ni se chantajea con ella. Dentro de los 1,000 millones de católicos parte del cristianismo, somos privilegiados, no solo vea la puerta de la fe, entra, navega, agradece, conoce, comparte y defiende la fe que te ha sido dada.

Repite cada día. Señor, gracias por la vida, por la fe; y termina haciendo el acto de fe más grande como lo hizo el gran apóstol Santo Tomás. ”Señor mío y Dios mío” la fe es el único antídoto para combatir las tentaciones y una vida “light” atrapada en las fuerzas del mal. Porque tuve fe, creí, encuentro luz en mi camino y sigo diciendo: “Señor, yo creo, aumenta mi fe”.

Edición Impresa

Viernes 14 de agosto de 2026