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La felicidad humana

Por: Redacción 05/03/2015

Así terminó el discurso del presidente del Uruguay José Mujica en Naciones Unidas. Sorprendió a la audiencia y al mundo el gobernante que terminaba su mandato, al expresarse como un verdadero filántropo y como un filósofo singular.

Sus axiomas más que elocuentes, fueron precisos y sumamente descriptivos para sustentar la verdadera felicidad universal, para el hombre, en su medio y la sociedad donde vive. Calificó esta realidad de política, haciendo un verdadero e inequívoco llamado para aquella tribuna.

Su racionamiento básico estaba sustentado en la sociedad de consumo, para la cual, prácticamente no hay límites, para ello las ofertas industriales y comerciales no terminan; la tecnología y el desarrollo científico nos inducen y llevan en esa ruta.

Ejemplariza el fenómeno social y económico en la bonanza de un país desarrollado como Alemania y con la pobreza extrema como la India, relacionando el desarrollo material con las consecuencias en la situación ambiental, cada día más deteriorada, en el supuesto o símil que mencionó.

Aquel desarrollo no percibe ningún bienestar, todo lo contrario aumenta la pobreza, y Mujica se pregunta: ¿quién domina a quién, el hombre o el producto de él?

Añade que en Uruguay el hombre alcanzó la conquista de ocho horas para su jornada laboral, pero ahora la reduce a seis horas para trabajar dos jornadas casi consecutivas para satisfacer la sociedad de consumo que lo obliga.

Su política de gobierno fue cónsona con la prédica general. Inició un programa habitacional para las clases sociales de menos recursos, con el aporte empresarial, y el suyo propio, aportando cerca del 90% de su salario presidencial.

Implementó otro programa para la eliminación de la indigencia, y la disminución de la pobreza al 50%.

Renunció a la mansión presidencial para continuar en su vivienda propia. Se pudieran mencionar otras iniciativas similares, que sostensiblemente demuestran la sinceridad y la convicción de que hace gala. Entre sus expresiones felices alegó, “no hay nada peor que la mortalidad política”. Su lucha ideológica transitó por la armada, que le costaría 15 años de prisión, de las cuales fueron de condiciones extremas la casi totalidad.

Hoy se retira a su vida familiar, y renuncia a cualquier homenaje, con el único propósito de mantener la felicidad que proclama para el hombre, colmada de sencillez, sobre todo ejemplarizante para su pueblo, y la nación que califica espléndida, en una época llamada la Suiza de América.

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Viernes 31 de julio de 2026

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