La formación de maestros y profesores
Es cierto que en Panamá hemos sido muy dados a la improvisación y que, con este criterio, habíamos venido habilitando de maestros y profesores a muchos a quienes se quería hacer un favor personal para remediar una precaria situación familiar. ¿Pero no es esta, acaso, una de las mayores dolencias de nuestra educación?
La preparación profesional de los estudiantes normalistas se ha impuesto en todos los países cultos con una exigencia tan imperiosa como la preparación técnica de los cuerpos de suboficiales del ejército o como la idoneidad profesional de los médicos y de los ingenieros. Desde que el conde Marsenio fundó en Strasburgo la primera escuela normal, en 1810, las instituciones para la preparación profesional del maestro se han multiplicado y consagrado en todas las naciones civilizadas del mundo.
Consideramos que va llegando para Panamá la época de renunciar a este divagar y espigar infecundo por la superficie de todos los campos del saber. No podemos, sin atentar gravemente contra los mismos destinos de la patria, continuar entregando nuestra juventud en manos inexpertas de maestros y profesores improvisados. Es frecuente el caso de sabios eminentes y de hombres de amplia
instrucción que fracasan por completo en la cátedra por falta de dominio de la técnica de la exposición y de la enseñanza; a la inversa, es común el caso de los normalistas con gran dominio de la técnica pedagógica pero sin bagaje ninguno de conocimientos. Los primeros saben mucho pero ignoran el arte de transmitir su ciencia; los segundos saben enseñar pero no tienen qué enseñar: ambos serán catedráticos o maestros incompletos y de su actividad docente no resultará sino el fracaso.
La Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena (Instituto Normal Superior) y la Facultad de Ciencias de la Educación deben formar un tipo de maestro y profesor que reúna a la vez la ciencia y la técnica de su transmisión; no se quiere una ciencia sin pedagogía, pero tampoco una pedagogía sin ciencia. Tampoco pretender formar diletantes sin profundidad en ningún campo del saber ni profesores eruditos en un microscópico sector de la ciencia.
La especialización de la Facultad de Ciencias de la Educación no puede ser cercenamiento ni atomización de las facultades mentales; es concreción metódica del esfuerzo intelectual a un campo extenso de materias conexas de acuerdo con las predicciones especiales del alumno. Las especialidades que integran el plan de estudio en desarrollo de la Facultad, deben englobar la totalidad del contenido de las enseñanzas secundarias y normalistas.
Pedagogo, escritor, diplomático.
