La Franja de Gaza
La comunidad internacional observa consternada la intensificación del conflicto bélico entre Israel y Palestina y el rechazo de un acuerdo de alto el fuego propuesto por el régimen militar de Egipto. La mediación de potencias occidentales y la ONU, para lograr la suspensión de las hostilidades, no tuvo fruto en la esfera del primer ministro Benjamín Netanyahu, pero sí encontró terreno propicio el proyecto del Gobierno egipcio, descalificado por las organizaciones internacionales de defensa de los derechos humanos por las represiones descargadas contra el partido de los Hermanos Musulmanes. Para alcanzar el alto el fuego por iniciativa de un tercer país se requiere la aprobación de las partes implicadas, lo que no se obtuvo por la reluctancia palestina.
La temible sofisticación del mortífero armamento empleado en el conflicto acrecienta la preocupación internacional. Los palestinos usan drones (aviones teledirigidos) artillados con pequeños cohetes, mientras que los israelitas, proyectiles que al estallar en el suelo pueden amputar piernas o causar graves quemaduras en la parte inferior del cuerpo, según reveló Erik Fosse, catedrático de cirugía de la Universidad de Oslo.
La reanudación de los bombardeos de la Franja de Gaza a Israel y de este al territorio palestino queda al discernimiento de los estrategas militares israelitas y de los brazos armados de Hamás, movimiento islámico al mando del régimen palestino.
Los intentos desplegados desde los Acuerdos de Oslo no mitigan las hostilidades que van del plano militar al político de la convivencia entre israelitas y palestinos. El Ejército de Israel arrestó a once diputados de Hamás que residen en Cisjordania y realizó incursiones para detener a profesores universitarios imputados de pertenecer a sectores islamistas en las ciudades de Tulkarem, Hebrón, Nablus, Ramala y Yenín, según fuentes de la Autoridad Nacional Palestina.
Expertos en la geopolítica del Medio Oriente concuerdan con la dificultad o imposibilidad de instaurar un estatuto de convivencia pacífica y de erradicación de hostilidades bélicas en tanto gobiernos de tendencia radical imperen en la región, vale decir el partido derechista de Netanyahu y el movimiento islámico Hamás. Ambas disputan la legalidad de sus emplazamientos geográficos: Israel con el aval de la Declaración Balfour de la Cancillería británica; Palestina, con el aval histórico del islamismo. Hamás no reconoce la existencia del Estado de Israel, mientras que Palestina es reconocida como nación, pero no como Estado autónomo con representación permanente en la ONU.
El contexto geopolítico del Medio Oriente no favorece la concreción del posible armisticio. Irán, Siria y los países de la Liga Árabe no disimulan el antagonismo con Israel. Si el movimiento yihadista asumiera el control político de Irak, se podría exacerbar el frente antiisraelita del Medio Oriente. Solo Egipto busca amortiguar las hostilidades, pero en un momento en que las agresiones a los Hermanos Musulmanes no los acreditan internacionalmente. Estados Unidos, los Estados de la Unión Europea están concentrados en atajar el expansionismo territorial ruso. Es perceptible la ausencia de química personal entre Obama y Netanyahu, quien está arriesgando temerariamente el aflojamiento del apoyo norteamericano. Los enfrentamientos en el territorio de la Franja de Gaza podrían llevar a un límite riesgoso el dimensionamiento del conflicto del Medio Oriente.