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La fuerza de las palabras

Por: Redacción 09/06/2016

Una de las cosas que más caracterizan a los grandes políticos es su capacidad de comunicar mensajes profundos con pocas palabras. Utilizar frases que sean memorables y marquen época, es de pocos. La gestión de un gobernante es mucho menos complicada si es un buen comunicador. Si tiene carisma, pues mucho mejor. Aun así, la historia está llena de estadistas con muy poco o casi nada de esta última característica, pero con gran capacidad para expresar en pocas palabras, una idea o un mensaje particular.

Esto se logra cuando se entiende la fuerza de las palabras. Cuando se logra comprender qué significan y a dónde se quiere llegar con ellas. Cuando se puede visualizar el efecto en una población o en una sociedad, políticos, Estados, etc.

Cuando el expresidente de los Estados Unidos Ronald Reagan lanzó con una fuerza única aquel 12 de junio de 1987 su frase "Mr. Gorbachev, Tear Down This Wall", frente a una multitud de alemanes y con el referido muro de fondo, no solo ayudó a terminar la complicada situación de la entonces Unión Soviética y sus países satélites del Pacto de Varsovia, pudo más una característica de quienes comprenden que gobernar no es para todos.

La fuerza de las palabras, ese conjunto de características que hace que lo que digamos se olvide, se entienda o se recuerde para siempre, acompañado de la forma como se dice, es casi una ciencia que hay que entender si se quiere gobernar.

No se puede pretender gobernar un país y soltar cualquier expresión salida del momento y pretender que la población la va a comprender dentro del contexto adecuado si la misma no se piensa con detenimiento, se practica y, sobre todo, se comprende qué es lo que se quiere lograr con la misma.

Que Aristóteles y Pitágoras pregonaran la frase "el hombre es esclavo de sus palabras y dueño de su silencio" no es casual. No se puede deshacer lo andado cuando de las palabras se trata. Si se hace mal, queda buscar, dentro del mismo contexto verbal, cómo reparar el daño.

Al presidente Juan Carlos Varela le está costando encontrar un lenguaje coloquial que, como político, supongo que de alguna manera le dio réditos en el pasado. Pero es que no es lo mismo ser presidente, que no serlo. Y eso es parte del contexto que hay que entender cuando de comunicación política se trata.

La fuerza de las palabras es tal, que una frase mal dicha, en el contexto incorrecto y a la audiencia incorrecta, puede marcar toda una administración gubernamental hasta su conclusión, y eso es grave.

La frase sobre los huevos y su precio que nos participó el primer mandatario de nuestro país demuestra que no basta con las buenas intenciones cuando de palabras se trata. No se puede tomar a la ligera los resultados de una expresión tan mal colocada en la opinión pública de un país como el nuestro.

La fuerza de las palabras divide a los estadistas de los simples políticos que ocupan un cargo. Todos recordamos nombres como Belisario Porras, Arnulfo Arias, Omar Torrijos.

Quizás usted no haya estado de acuerdo con su forma de gobernar, pero ellos entendieron muy bien el significado de la fuerza de las palabras. Por eso casi nadie sabe, recuerda o le interesa quiénes fueron los otros que nos gobernaron. Algún hecho puntual quizás los rescate del ostracismo, pero nada más.

Ingeniero. Estratega-Consultor Político.

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