La fuerza de las palabras
"Nuestro lenguaje forma nuestras ideas y hechiza nuestro pensamiento", decía Albert Einstein. A los seres humanos nos caracteriza la capacidad de comunicarnos con nuestros semejantes y esto se hace utilizando las palabras y pensando los conceptos. Con las palabras manifestamos odio, frustración, nostalgia; pero también exteriorizamos amor, esperanza y alegría. De ahí que debamos cuidar lo que expresamos. Una palabra puede generar enfrentamientos entre naciones y traer consigo muchas pérdidas de vidas humanas; pero también puede resolver dichos conflictos. Puede formar parte tanto de la enfermedad como de la cura, en tiempos de guerra y en tiempo de paz.
Hay palabras que dan la vida y otras que nos matan, palabras que nos elogian y palabras que nos agravian. Como decía Martin Luther King, un pastor estadounidense de la iglesia bautista y defensor de los derechos civiles: "Es tu actitud, no tu aptitud lo que demuestra tu altitud".
El 28 de agosto de 1963, Luther King pronunció un discurso titulado “Tengo un sueño”, considerado como uno de los mejores discursos de la historia de la humanidad y, según los estudiosos de la retórica, el mejor del siglo xx. Han pasado años, sin embargo, la fuerza de sus palabras se mantiene intacta. En su discurso, King expresaba su anhelo de poder vivir en una sociedad más unida, en que las personas de tez negra y de tez blanca pudieran coexistir como iguales. En la décima estrofa de su disertación señaló: “No estamos satisfechos y no quedaremos satisfechos hasta que la justicia ruede como el agua y la rectitud como una poderosa corriente”. Esto en alusión a una cita bíblica: Amos 5:24. Años después fue asesinado. ¿Fueron sus palabras, plasmadas en sus discursos, las que causaron su muerte? Definitivamente que las palabras tienen fuerza.
Mary Carmen Sánchez
Docente
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