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La garganta de Mauro Zúñiga


Yo no sé si es cierto que Mauro Zúñiga tiene la garganta más profunda de Panamá como anunció en un libelo propio en días pasados, pero no existe duda que tiene la lengua más larga de nuestra República. Este aspirante a señor feudal le reclama al Presidente mi nombramiento como gobernador de Coclé sin contar con la anuencia de sus antepasados.

Cosa rara esta porque cuando ingrese al padrón de residentes de esa provincia hace muchos años, el Registro Público no me pidió permiso previo de Mauro Zúñiga para adquirir una propiedad en El Valle de Antón. Tampoco me la solicitaron cuando compré mi casa en Aguadulce.

No sorprenderá a los viejos el reclamo de un señor que aparenta vivir en el Siglo 19 cuando unas cuantas familias manejaban grandes latifundios en el interior para su provecho. En aquellos tiempos paraban el paso de los carruajes cuando las señoritas de sociedad se bañaban en los ríos para que los ciudadanos comunes no fueran a festinar sobre su belleza. Estamos entonces, ante una persona cuyo reloj se paró hace mucho, mucho tiempo. Es trágico, sin embargo, el soberano desprecio con que don Mauro pasa por alto que voy a Penonomé con el consentimiento del 68 por ciento del electorado de esa provincia que votó por Ricardo Martinelli. Para Don Mauro esas son pamplinas, para él, su feudo precluye la opinión popular y nimiedades como elecciones. Se hace su voluntad.

La verdad, Don Mauro, es que vengo para ayudar a cumplir la agenda social del Presidente, que consiste específicamente, en dejar que el pueblo participe de las riquezas que personas como Usted nunca pensaron compartir.

Cualquier estudiante de sicología de primer año puede diagnosticar el problema de don Mauro: reprime un odio infantil al haber tenido un pariente que Sí se distinguió en su vida profesional y política. Pero don Mauro no tiene el verbo encendido de Carlos Iván, mucho menos su carisma. Es, y siempre ha sido, el patito feo de la familia Zúñiga. Debemos admitir que es una carga difícil de aceptar. La vida, y el destino, a veces juegan favoritos. Estoy seguro que cuando se levanta por las mañanas y se ve en el espejo, Don Mauro no ve un viejo envilecido, procaz y falto de la más elemental generosidad. Ve un Don Quijote de la Mancha, y lanza en ristre, ataca los molinos de vientos creyendo que un ejército de adherentes sigue sus pasos. No es cierto. La ciudadanía ya aprendió y sabe distinguir entre un empresario exitoso que intenta hacer un cambio y un viejo cascarrabias sin distinción alguna en su vida.

Me encantó la referencia a la memoria histórica de su provincia. Estamos de acuerdo en esa, porque si Coclé recordara su vida cuando personas como usted decidían su destino, yo tendría que intervenir para evitar su linchamiento. Y hablando de memoria histórica, don Mauro, espero que no se haya paveado de la escuela y pueda recordar que si no fuese porque un antepasado mío nos separó de España en 1821, usted sería un galleguito más.

Y finalmente, espero que su supuesto soplón en el Gabinete haya sido más preciso en la información sobre la licitación del Metrobús que en su referencia histórica, ya que Mark Felt jamás trabajó para la CIA. Era subdirector del FBI. Revise Usted mismo la información en algo que se llama el Internet y verá que la CIA no puede ejercer dentro de los Estados Unidos.