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La gloriosa tercera edad


Marisín Villalaz de Arias (opinion@epasa.com) / Médica.

Está probado que es la mejor etapa en la vida de una persona. Sin embargo, muchos jóvenes piensan que la tercera edad es para menospreciarlos y pensar que esos mayores no merecen vivir; por lo menos, en nuestros países, piensan de esta manera, no así en países desarrollados donde se venera la edad y la experiencia, porque hay que ver cómo la acumulamos los que cruzamos los 60 años. Es, tal vez, una época en donde los mayores sienten una liberación de sus problemas y preocupaciones porque nos trae una verdadera autenticidad. Es donde miramos la vida con más tranquilidad y positivismo y perdemos las ataduras a complejos propios de la juventud porque todavía no han encontrado un centramiento de sus ideas y sus emociones.

La edad gloriosa nos proporciona más libertad por la menor responsabilidad en llegar a ser más cada día. Hemos llegado a un límite en las batallas por la vida, por surgir, por ganar más puntos en la carrera profesional o ante los hijos que están criando o ante la pareja porque las debilidades no existen y aquellos que las tienen, viven amargados y frustrados. Quisiera hacer una relación entre esa tercera edad y la juventud que nos viene detrás porque esos jóvenes creen que lo tienen todo, cuando les hace falta mucho por lograrlo. Los jóvenes no comprenden la posición de la tercera edad y es por esto que muchos de ellos desprecian a esos mayores y los ignoran o se aprovechan de ellos en algunas cosas.

Cuántos hijos esperan a que el gobierno les entregue los cheques de los 100 a los 70 a sus padres para quitárselos y dejarlos pasando trabajo sin importarles si comen o no o si tienen sus medicinas que comprarían con esa platita.

Cuántos hijos hacen que los jubilados les consigan préstamos a bajo interés y no pagan ni una letra del mismo haciendo que se los descuenten de sus cheques que les vienen recortados. Cuántos hijos se traen a sus madres o padres a vivir con ellos y los dejan sin sus cheques de jubilados y los tienen como verdaderos sirvientes cuidando sus hijos y sus casas. Es inaudito que esto suceda todavía en nuestro país y esos mayores se sienten desprotegidos. Esos hijos merecen llegar a una tercera edad para que sus hijos les paguen con la misma moneda que ellos les pagaron a sus padres que los educaron con sacrificios y les dieron amor.

Solo quienes llegamos a esta edad de bienestar, sabemos su significado. Llegamos a una edad en donde el estado emocional es para disfrutarla y, aunque muchas veces tenemos limitaciones de salud, merecemos más atención de los jóvenes. He tenido suerte con mis hijos que me comprenden y he encontrado un grupo de muchachas jóvenes en el gimnasio donde hago ejercicios, que hemos hecho un grupo de lo más simpático porque ellas me tratan con cariño y comprensión. Sobre todo, no me hacen sentir mi edad y, a mi vez, conozco mis limitaciones dentro de ese grupo, así es que damos y recibimos.

Los mayores no deben perder el buen carácter ni la alegría de vivir porque, cuando esta se pierde, se va el deseo de continuar en este mundo. Lo más apropiado para comprender lo que digo, es ser uno mismo, olvidar el qué dirán, el qué quieren los demás para pensar en nosotros mismos y sigamos pensando en que aún tenemos cosas nuevas que aprender en la vida. Estamos capacitados para saber lo que queremos y sobrellevar ciertas situaciones, superando las vicisitudes y los momentos desagradables para volverlos positivos. Disfrutando los años que nos quedan de vida, nos damos el placer de ser quienes queremos ser, de no mirar hacia atrás como no sea para recordar sin amargura pero sí con sentimiento, lo que pasamos, los errores que cometimos y que desearíamos volver a cometer.

Médica.

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Viernes 14 de agosto de 2026