La grandeza de los gobernantes
Cuando Salomón asumió el ejercicio del poder, real y formal, en Israel, tras la muerte de su padre, el heroico rey David, en franca oración ante Dios y el mismo Dios hablándole e instándolo a que pidiera lo que quisiera, este, Salomón, pidió y rogó por ser lleno de sabiduría. El pedido de sabiduría no fue sin propósito alguno, sino enfocado en que para dirigir y gobernar al pueblo de Dios necesitaba más que entusiasmo o interés, más que discursos y autoridad, requería de sabiduría de Dios.
.... REACCIONAR ANTE LA CRÍTICA ATACANDO O IMPUGNANDO AL INDIVIDUO O PARTICULAR QUE LAS HACE. AL FINAL DE CUENTAS, EL GOBERNANTE QUE NO ENTIENDE O NO SABE INTERPRETAR QUE TODA CRÍTICA SANA Y BIEN PONDERADA NO PERSIGUE O BUSCA OTRO FIN QUE CONTRIBUIR AL MEJOR ESTADO DE COSAS DE LA NACIÓN....
Los gobernantes están sometidos, a diario, las veinticuatro horas del día, a constantes consultas, presiones, toma de decisiones, problemas, y requieren o demandan que sobre ellos haya prudencia en el juicio o decisión que tomen, parquedad, templanza, cordura, mesura, y no pueden dejarse guiar, de ninguna manera, por pasiones o emociones, sino que deben procurar, siempre, estar a la misma altura del enorme cargo que ejercen.
Para ello se requiere actuar con el más alto sentido de responsabilidad. Mal pueden adoptar posturas o decisiones guiados u orientados por la malquerencia, el dime o el direte, pues han de tener como norte que toda decisión afecta directamente a una nación, a todo un pueblo que espera de ellos, los gobernantes, sobriedad y seriedad.
Mal pueden actuar pensando o considerando que sus decisiones serán aplaudidas o aceptadas por todos, pues siempre habrá un remanente que se opondrá, con razones o sin ellas, a tales decisiones.
Tampoco puede un gobernante, de ninguna manera, sería inaceptable, reaccionar ante la crítica atacando o impugnando al individuo o particular que las hace. Al final de cuentas, el gobernante que no entiende o no sabe interpretar que toda crítica sana y bien ponderada no persigue o busca otro fin que contribuir al mejor estado de cosas de la nación, del bienestar social.
No puede gobernante alguno perseguir, presionar o privar a ciudadano alguno de sus libertades o de sus bienes, ni de su honra o calidad de vida, pretextando que tal o cual particular lo ataca. Menos si quien lo hace no está haciendo otra cosa que ejercer dignamente su profesión. Generalmente, periodistas y abogados.
Por ello se aconseja a los gobernantes, lejos de toda pasión o emoción, actuar con sabiduría y engrandecerse sobre nimias situaciones a las cuales la única atención que debe prestar es tenerlas como voces de alarma o de inquietudes sociales, si al final de cuentas quien formula críticas al gobernante lo hace, en la mayoría de los casos, pensando siempre en los clamores sociales que demandan respuestas o soluciones concretas a sus problemas, no menos.
Un gobernante no debe personalizar jamás, nada, en lo absoluto, lo bueno ni lo malo que se diga cuando ejerce el poder político. Pues quien se vale del poder, del peso aplastante del poder, para pisar o maltratar a un ciudadano, debe saber que su ataque es injusto, ilegal y despiadado, inhumano.
....SE ACONSEJA A LOS GOBERNANTES, LEJOS DE TODA PASIÓN O EMOCIÓN, ACTUAR CON SABIDURÍA Y ENGRANDECERSE SOBRE NIMIAS SITUACIONES A LAS CUALES LA ÚNICA ATENCIÓN QUE DEBE PRESTAR ES TENERLAS COMO VOCES DE ALARMA O DE INQUIETUDES SOCIALES, SI AL FINAL DE CUENTAS QUIEN FORMULA CRÍTICAS AL GOBERNANTE LO HACE, EN LA MAYORÍA DE LOS CASOS, PENSANDO SIEMPRE EN LOS CLAMORES SOCIALES QUE DEMANDAN RESPUESTAS O SOLUCIONES.....
Nunca un particular podrá sostenerse en pies sobre el aplastante poder de quien gobierna. Antes el gobernante debe lucirse haciendo respetar, de modo pleno, las libertades, garantías y derechos ciudadanos. Pues el engrandecimiento de un gobernante radica allí, en esto, cuando enaltece y hace realidad el discurso del pleno respeto de la honra y dignidad de los particulares, es decir, la vigencia íntegra y plena del sistema de los derechos humanos. Solo así y tan solo así se le da vida a la democracia. El disenso democrático es propio e ínsito a la democracia.