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La grandiosidad de Jesús


Yo soy Cristiano. Quiero morir siendo Cristiano. Cristiano como seguidor de un Cristo vivo. Estoy plagado de imperfecciones y de errores mil, pero qué acomodo siente mi alma cuando ante la presencia del Señor mi espíritu se regocija en Dios y saber que en Jesús mi alma halla perdón. Las cosas maravillosas de Dios se manifiestan en su Hijo: Cristo Salvador, Cristo Redentor, Cristo Perdonador, Cristo Defensor de los Hombres que se arrepienten de sus pecados, Cristo Vencedor de las enfermedades, sobrepuesto en las cosas de la naturaleza y, sobre todo, vencedor de la muerte: la Resurrección del Señor es la expresión de la grandiosidad de ser el Salvador del Mundo.

Algún intelectual de nuestro medio, ha señalado la que la gente cree en el cielo porque no hay otra cosa mejor que se le haya ofrecido. Bueno eso es lo que, según la noticia, dio a entender. Creo que puedo responderle que, luego del cielo –entendido como el hogar de Dios y de sus almas reivindicadas, casa de los ejércitos celestiales del bien, de sus ángeles y arcángeles, no hay nada más ni mejor. La contrapartida es el infierno, hogar de Satán, de sus principados de demonios, de huestes demoniacas y de las almas que prefieren el mal, el pecado, sus deleites y la satisfacción de los deseos de la carne sin límites.

TENEMOS QUE RESPONDER POR TODO, POR NUESTROS HIJOS, NUESTRA FAMILIA, AMIGOS...

No juzgo ni condeno a nadie. Todos somos pecadores y todos hemos caído de la Gracia de Dios. Lo grandioso es que en Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre por nosotros, quien no conoció pecado, crucificado, muerto y resucitado, tenemos perdón y redención de nuestros pecados.

Jesús no es una idea, no es un nombre sencillamente, tampoco una filosofía de vida espiritual. Tengamos claro que es el Hijo de Dios, Dios mismo, que nos ama, que quiere que seamos salvos de la ira venidera. Esto no es relajo. Necesitamos que nuestros niños, los muchachos, todos, lo tengan bien claro.

Creo firmemente que un día, cercano, ante la venida de Cristo con toda gloria y majestad, ante su presencia, ante el Supremo Juez del Universo, tenemos que rendir cuentas al Creador.

Tenemos que responder por todo, por nuestros hijos, nuestra familia, amigos, enemigos, etc. Nada se podrá ocultar ante los ojos del Señor.

Cada día me presento ante Dios: cargado de penas y de pesares, pero también de alegrías, pero sobre todo y por encima de tales cosas, teniendo claro que somos privilegiados con la vida, con el aire que respiramos, porque caminamos, hablamos, hacemos y no hacemos. Dios es bueno. Gracias Cristo. Y gracias por darnos salud y por todo lo bueno que eres con mis amigos y enemigos. Bendice Jesús al país, a todos.

Abogado.