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La herencia de la nacionalidad


La Nación panameña no es patrimonio de unos pocos, ni de determinados grupos; es la herencia común que nos legaron quienes por ella se entregaron inteligentemente a la lucha y al sacrificio. Una herencia que vale tanto en cuanto seamos capaces de utilizarla y de interpretarla solidariamente; y que se minimiza y llega a caer a veces en los peores abismos del pesimismo, cuando se convierte en pugna estéril o infecunda, que no logra armonizar las diversas concepciones e intereses, sino que se enfrasca dentro de una controversia insuperable.

Consideramos indispensable para nuestro Panamá de siempre, mantener vivo y actuante el conocimiento de la personalidad del “Maestro de la Juventud Panameña”, como la más alta presea de nuestra estirpe cultural, que si por una parte es título dignificante, por otra es compromiso grave y obligación de rigurosa y difícil conducta, para no desmerecer ante su ejemplo.

Al pensar cuánto hicieron aquellos que, más de una centuria atrás, alcanzaron nuestra separación de Colombia sin armas, y sin recursos técnicos fueron capaces de emprender la construcción de una nueva República, sentimos pesar por lo poco que después se ha podido hacer y urgencia por lo mucho que la situación que nuestro pueblo nos exige y la impaciencia de nuestra juventud nos conmina a cumplir.

Octavio Méndez Pereira, “símbolo de superación nacionalista”, realizó sus mayores actividades educativas dentro y fuera del país. En todas sus tareas y misiones exitosas, Panamá recibió un aporte significativo en su avance y desarrollo educativo, así como un caudal cultural que es el gran patrimonio moral de nuestro país. 108 años de historia republicana nos dan penetración para entender las causas de todo lo ocurrido en este lapso. No tenemos excusas para no aprovechar lo positivo logrado y borrar lo que haya habido de negativo y estéril en el proceso de nuestra existencia nacional e internacional.

Ilustres varones de la nacionalidad panameña (como Justo Arosemena), levantaron su voz contra la injusticia, contra las alucinaciones que hacían formular conceptos etéreos que no correspondían a la naturaleza y a la idiosincrasia de nuestro pueblo. Por encima de las maneras de pensar, de las convicciones ideológicas, sobre las diferencias políticas, o de los distintos sectores, todos sentimos, muy hondamente, la realidad de nuestra patria, y cuando se mira flamear el tricolor nacional, y cuando escuchamos las notas del Himno Nacional, entonces se siente… todo lo que cada uno de nosotros lleva en el fondo de su corazón y de su conciencia.

Pedagogo, escritor, diplomático.