La hermosa tercera edad
Si bien es cierto que ya he escrito sobre el tema, nunca está de más hablar de ella como de una realidad en la vida. Como decía el profesor Salvat en el Instituto Nacional, quien no llega a viejo es porque se muere antes. Y es cierto; prefiero pasar las vicisitudes de una tercera edad, a morir antes de tiempo porque en la vida hay todo el tiempo del mundo para pasarlo bien y ser feliz. Cada edad tiene su manera de serlo porque cada etapa de la vida cambia y tenemos que cambiar con ella.
LA MAYORÍA DE EDAD ES HERMOSA Y NO ME QUEJO DE LA VIDA QUE VIVÍ LLENA DE ENCANTOS, DE APRENDIZAJES, DE SER FELIZ, DE SER POSITIVA; TUVE UNA INFANCIA Y ADOLESCENCIA MARAVILLOSAS QUE, ALGÚN DÍA HABLARÉ DE ELLAS, Y UNA MADUREZ LLENA DE SATISFACCIONES Y DE SALUD, A PESAR DE ALGUNOS INCONVENIENTES.
Para nosotros, lo más importante es recordar lo vivido y vivir el tiempo que, afortunadamente nos ha tocado, sin querer introducirnos en ese tiempo pasado para continuar viviéndolo, ni siquiera en forma ficticia. Como decía, la etapa que nos ha tocado vivir, gracias a Dios, es una de las mejores; y digo esto porque la experiencia adquirida a través de los años, (aunque existen algunos que no aprenden a través de la misma), no se compra con dinero, sino con sabiduría. Es por esto que admiro a esas personas mayores que supieron acumularla para disfrutarla ahora.
El que no tiene la dicha de llegar a mayor porque viejos son los caminos y aún echan polvo como dicen los argentinos, no sabe su significado. Repito, cuando soñamos con la juventud que tuvimos, nos damos cuenta de los errores cometidos, de los momentos que hubieran sido mejores con la experiencia actual y nos alegramos de que hayan quedado atrás. Cuando hablo de mayor es porque no me gusta hablar de vejez, ya que allí sí que siento nostalgia. Si ahora no puedo montar a caballo, si no puedo caminar con la elegancia que lo hacía antes porque ahora debo mirar al suelo para no caerme, si debo agarrarme de los pasamanos para subir una escalera e ir uno a uno, no te sientas acomplejado; es, sencillamente, que esas cosas se han transformado en sabiduría que debemos aprovechar para vivir felizmente. Cuando nos preguntan por nuestra salud, hay que contestar enfáticamente, que estamos bien y gozando de buena salud porque muchas veces te lo preguntan para llenar un espacio de la conversación y no por un verdadero interés, así es que no a todo el mundo le importa de verdad si estás bien o mal; pero sí le importa que tú cuentes todos tus males y preocupaciones que debes guardártelas para ti.
Cuando veo a jóvenes que no tienen paciencia con nuestra lentitud, río aunque al principio me entristece y solo pienso: ojalá llegues a mi edad para que recuerdes cuando me hablaste golpeado o cuando no tuviste paciencia conmigo.
En ocasiones, cuando voy a una fiesta, luego de un rato no encuentro con quién conversar porque los jóvenes lo hacen entre ellos. Sin embargo, tengo que reconocer que tengo en el gimnasio, al cual todavía puedo ir manejando yo misma, un grupo de amigas jóvenes que tienen conmigo toda clase de consideraciones: conversan conmigo aunque trato de escucharlas para no contar siempre mis experiencias, me preparan el cafecito y dedican un tiempo para conversar conmigo. Si algún día no voy, siempre hay alguna de ellas que me llama para ver qué me sucedió. Me doy cuenta de que no todo está perdido. Considero lógico que mis nietas, a veces, no tengan paciencia conmigo; pero solo les deseo que lleguen a andar el camino que yo he recorrido, en la forma que lo he hecho y ganen las experiencias que he ganado en mi vida para que, cuando lleguen a mi edad, todavía me recuerden cómo me conocieron.
La mayoría de edad es hermosa y no me quejo de la vida que viví llena de encantos, de aprendizajes, de ser feliz, de ser positiva, de no conocer el rencor ni la amargura porque cada uno se hace su propio presente y futuro. He sido feliz durante mi vida; tuve una infancia y adolescencia maravillosas que, algún día hablaré de ellas, y una madurez llena de satisfacciones y de salud, a pesar de algunos inconvenientes. Que no puedo caminar ni pensar como antes, es lógico; pero soy feliz igualmente. Así quisiera que sucediera con mis hijos y nietas y todos los míos. No permitas que te llamen viejo.