La historia de un disputado lote, pero marchito

Por: Redacción 29/08/2011

Antes, hace años, el lote era parte de una playita donde los pescadores reparaban botes.
Después ya con el pasto crecido, la alcaldesa Correa hizo un relleno con la intención de hacer un parque que nunca se concretó. Así permaneció durante años hasta que llegó a ser motivo de interés de la opinión pública porque una típica maniobra del “juegavivo” quería apropiarse de él; supuestamente un vendedor de flores reclamó el terreno aduciendo tener un derecho posesorio que se traspasó a una sociedad anónima de unos cocotudos que lo que menos les falta son terrenos. Todo esto con la supuesta ignorancia de la funcionaria que no vio nada pecaminoso al otorgar un lote que por constitución no es enajenable, pero aún así realizó la transacción. Actuar de buena fe o con ignorancia no exime de culpa.

En cualquier país serio, el funcionario(a) en cuestión, por voluntad propia, se habría separado del cargo para dar paso a una investigación transparente y sin sospechas. Pero, ¿tiene usted idea del porqué eso no ocurre? Porque en la misma proporción de seriedad se dimensiona el problema desde la óptica gubernamental, y lo más delicado es que la opinión pública tampoco goza de una sensatez colectiva para exigir respuestas claras a los funcionarios. Esto es lo más grave, pareciera que la vida cotidiana y los intereses individuales nos impiden ver el bosque completo.

Cada uno está más ocupado en su bien individual, en el de su gremio o partido político, a pesar de que este beneficio sea en detrimento de la mayoría, y eso deteriora no solo las sociedades, sino las instituciones gubernamentales y el país en su conjunto. Los escándalos ventilados en los titulares de los medios son olas pasajeras, superficiales que pasan al olvido en pocos días, al ser reemplazados por un nuevo tema que atrapa la atención por otro espacio de tiempo.

Pareciera un pecado solicitar información o lograr que un funcionario, o una institución suministre información sobre cierto tópico, so pena de amenazas al interesado cuando por ley, las entidades están obligadas a suministrarla.

Encuentro oportuno hacer un llamado a la reflexión colectiva. No lleguemos a extremos de los que posteriormente podamos arrepentirnos como sociedad. Seamos condescendientes, miremos a los lados y dejemos de ser tan egoístas al pensar ingenuamente que los problemas de los otros, son ajenos, más pronto que tarde pueden pasar a ser parte de nuestras listas de tareas diarias, y tal vez entonces será muy tarde para reflexionar.

Periodista

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Miércoles 27 de mayo de 2026
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