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La historia se vuelve manca o tuerta...


Si no se explica bien, ante tantas caras y mentes demasiados jóvenes. Me indagó hace un par de meses “Chinchorro” Carles en un encuentro en el Hotel Marriot sobre un tema demasiado interesante, para él solo; inteligentísima pregunta del ex-contralor. ¿Por qué en una reunión antes de la crisis de junio, en un intento de diálogo con Noriega, tú interrumpiste bruscamente la reunión y más bien nos tildaste de oposición conspiradora contra Noriega? Nadie me lo había preguntado. Lo explico: Dentro de los uniformados, es conocido y no alardeo, era yo el más político. Noriega frente a la crisis enorme que produjo el caso Spadafora, busca ganar tiempo y espacio con un “diálogo”; fingí cooperar, y allegados a él, inteligentes, como Renato Pereira buscaron concretar una reunión en el Hotel La Siesta. Definitivamente yo no quería que se ganara tiempo, inútil. ¿Por qué?, porque ya había intentado fallidamente un golpe interno contra MAN, en el mismo septiembre/85, y yo sí conspiraba. Cuando vi figuras muy representativas, Arias Calderón, creo que Mario Galindo, Carles, otros, quise tumbar la reunión maquiavélicamente. Sabía que el país y no solo la oposición no tenían nada bueno que negociar con el dictador, que esquivaba el crimen. Inventé improvisadamente una jugada “loca”, sabía que uniformados y civiles la encontrarían incoherente, siendo yo el segundo formal en el mando, aunque no mandaba. Me lancé a acusar a los concurrentes, gente seria, de “conspiradores que desde que salgan de aquí seguirán buscando tumbarnos, etc.” Tal reacción era incomprensible, me hice el furioso, etc. Se paró la agenda. A nadie podía decirle que ya buscaba un día D y una hora H, y cualquier ganancia de tiempo de Noriega me hacía daño. Me salí y siguieron sin mí. Especularon, como Arellano Lenox o Willy Cochez comentaron luego, aupados por Noriega, que “el duro e intransigente era Díaz Herrera”. Pero se sorprenderían como todo Panamá cuando tiempo después detonó la mayor bomba mediática de todos los tiempos, el inicio del fin del dictador. Y hay un tema más, bien importante históricamente, y muy mal interpretado, por falta de explicación: el tema Manfred Hoffman y cuando presento al alemán en televisión. Al mitómano me lo llevaron, mandados por MAN, Marco Justines, Julio Ow Young, Domitilo Córdoba, del DENI, y me dijeron “este hombre tiene datos vitales sobre el caso Spadafora”. Noriega ya tenía evidencias de que quise armar un golpe interno, cuando el general Galvin del Comando Sur y Moisés Giroldi, parado amenazantemente al frente mío, me disuaden. El tipo me dijo cosas variadas, le dije que me diera una referencia en Panamá; me mencionó al médico Julio Miranda, hermano de Olmedo; llamé al médico, me dijo que Hoffman era alguien serio. Y llamé a la televisión. Con razón ni Winnie Spadafora ni nadie serio creyó en el mitómano. Y parecí embarrado en el crimen, silenciándolo. Pero hoy sé que el alemán fue enviado por la CIA para darle una coartada a Noriega. Un dato inédito: cuando quise “fingir ayudar a encubrir el crimen”, le propuse a Noriega, “entrega a Bruce Lee, que se inculpe y al año lo sacas y lo mandas a Israel a vivir allá, Harari te lo arregla”; escuchaban Justines y otros oficiales. Fue en Amador. Mi plan era: si se inculpa uno, acordadamente, terminará por hablar y contar todo. MAN pareció evaluar la idea, pero luego reculó; desde entonces estábamos implacablemente enfrentados. El resto, denuncias, cárcel y exilio vino por añadidura. Por eso la historia es un montón de cosas, hay que juntarlas. Y narrarla antes del olvido.

*Ex Coronel y Ex Embajador.

robertodiazherrera@yahoo.com