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La honorabilidad de un mandatario

Por: Redacción 22/02/2015

Siempre es válida y gratificante la evocación de aquellos personajes que han dejado una impronta selecta en el alma de la patria; es el caso de Roberto Francisco Chiari. En La Chorrera los mayores le recuerdan por varias obras como la reestructuración del Templo Parroquial, la creación de centros educativos, la institución ferial, la Ciudad del Niño, la inauguración del Puente de las Américas, que trajeron notables beneficios.

No obstante su gestión, su figura descollaría en torno a los sucesos de enero de 1964.

Con actitud reflexiva, sin desbordes izquierdistas ni imprudencias circunstanciales, luego de otear el panorama y oír las voces nacionalistas, el presidente toma una de las decisiones más honrosas de la historia istmeña al cesar las relaciones diplomáticas con el gobierno de los Estados Unidos, como protesta firme por el desproporcionado ataque de sus tropas acantonadas en la Zona del Canal.

Me es difícil hallar un parangón; fue un acto hidalgo, justo y aleccionador.

Revisando la posición de líderes contemporáneos, viene a mi mente el señor Castro que, en Cuba, con sus camaradas, luego de desencantarse con los acercamientos con Washington, terminará entregándose al imperialismo soviético, sin por ello manifestar una ruptura meridiana con los vecinos del norte.

Otros seudolíderes como el señor Maduro, en Venezuela, vociferan contra los estadounidenses, pero sin interrumpir vínculos diplomáticos. Le escuché al aludido recurrir a una especie de “sabiduría chavista” para no dar ese paso, pero esta se le olvidó cuando arremetió contra el Gobierno panameño al dársele una oportunidad de voz a la oposición venezolana en la OEA.

Volviendo al tiempo de Roberto F. Chiari, la cúpula de la entonces Guardia Nacional, experta en poner y deponer mandatarios, quedó “encuartelada” mientras el pueblo llano salía frustrado e inerme a enfrentar a los militares zoneítas. Años luego, esos mismos se proclamarán adalides de la soberanía istmeña y citarán a Roberto F. Chiari como el presidente de la dignidad; sí, dignidad que ellos jamás representaron en la hora de la patria.

Hoy carecemos de personajes con liderazgo sano, con sentido de la realidad trascendente, con mirada de nación, conscientes de su labor docente ante las nuevas generaciones: esto lo afirmo en todos los ámbitos, no solo del mundo político.

En abril de 1964, volverían a acercarse las delegaciones diplomáticas de ambos Estados nacionales; porque lo actuado por el presidente Roberto F. Chiari no buscaba la enemistad de dos pueblos con una prolongada relación, con sus ventajas y desventajas, sino la solidaridad con los familiares de los caídos, la beligerancia de quien tenía la investidura paterna, el mensaje a la unidad internacional ante el desigual escenario.

Existen capítulos de la Historia en donde las mentes preclaras, con respeto y eludiendo un protagonismo ocasional y demagogo, deben optar con verticalidad contra las injusticias, vengan de donde provengan, allende las ideologías. El valor de la vida, y la vida con dignidad, es universal e irrenunciable.

Advierto que, en nombre de los estados soberanos, se soslayan en Latinoamérica muchos vejámenes hacia el ser humano; y los organismos o asambleas establecidos para custodiar estos principios se limitan muchas veces a cumplir con agendas, protocolos, turismo, sin tomar en cuenta las arbitrariedades que los poderes políticos cometen a lo interno de las naciones.

Por hablar Jesús de Nazaret fue sentenciado al “silencio” por la sociedad de su época. El Maestro no quedó bien ante todo el mundo, sino que anunció y denunció con la verdad de Dios de por medio, verdad que asume la defensa de los débiles.

Envuelto en una situación que él no provocó, Roberto F. Chiari supo responder con una vena patriótica por donde todavía sigue circulando sangre; corriendo el riesgo propio de acusar a una poderosa nación, correspondiendo a sus conciudadanos y trazó una ruta por donde otros han intentado transitar con el amor istmeño palpitando.

No he leído en página alguna de la historia panameña un acierto tan noble como el del presidente Roberto F. Chiari.

Nuestras familias, los docentes en general, tendrían que citar su gesto heroico como modelo de panameño fiel, en una época de crisis de valores.

Dios ha de querer que mañana hayan personas como Roberto F. Chiari aspirando a dirigir los destinos políticos de nuestra patria.

¡Qué viva la República del Istmo de Panamá!

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Martes 4 de agosto de 2026

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