La hora de la agricultura
La agricultura es clave para el desarrollo integral de nuestras naciones. Los jefes de Estado y de Gobierno de las Américas lo han reconocido. Lo han reconocido líderes de todo el mundo. Pero si las declaraciones políticas no resultaran suficientes, el mensaje que nos están dando las dramáticas manifestaciones del cambio climático, o la volatilidad de los precios internacionales de los alimentos, o el aumento de la pobreza, sobre todo la rural, o la necesidad de duplicar la cantidad de alimentos para el año 2050, sí debiera resultar contundente.
Urge, hoy más que nunca, volcar los ojos sobre una nueva agricultura, capaz de ayudar a mejorar los ingresos de los países y de las personas, ser fuente confiable para la seguridad alimentaria y convertirse en baluarte para mitigar el cambio climático: tiene que ser más productiva, más inclusiva, más sustentable.
Reunidos en julio de 2009 en la ciudad italiana de L’Aquila, los líderes del G5 (Brasil, India, México, Sudáfrica y China) afirmaron que el efecto combinado de inversiones insuficientes en la agricultura y en la seguridad alimentaria durante largo tiempo, las tendencias de los precios y la crisis económica han llevado al aumento del hambre y la pobreza en los países en desarrollo, sumiendo a 100 millones más de personas en la pobreza extrema y poniendo en peligro los progresos logrados hasta ahora en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. El número de personas que sufren por el hambre y la pobreza ahora supera los mil millones, advirtieron.
Unos meses antes, los Jefes de Estado y de Gobierno de las Américas, reunidos en Trinidad y Tobago, exhortaron a los Ministros de Agricultura del hemisferio a desarrollar actividades dirigidas a abordar las cuestiones que afectan el acceso y la disponibilidad de alimentos a fin de combatir la desnutrición crónica y promover políticas de nutrición adecuadas para nuestros pueblos. Apoyaron la promoción de inversiones en el sector agrícola, así como el fortalecimiento de la capacidad institucional de nuestros Estados con miras a incrementar e intensificar las actividades productivas, particularmente en los países más afectados por el hambre.
Agregaron que un enfoque multidimensional y multisectorial de la agricultura y la vida rural es un factor clave para lograr el desarrollo sostenible y la seguridad alimentaria. (…) Apoyamos, añadieron, los esfuerzos para el reposicionamiento de los temas y prioridades agrícolas y rurales en nuestras estrategias nacionales y nos comprometemos a fortalecer los enfoques y acciones estratégicas a nivel nacional, subregional, regional y hemisférico, según corresponda, con el apoyo del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y otras organizaciones pertinentes.
Ambas declaraciones coinciden en la urgencia de responder de manera creativa e innovadora ante tamaños desafíos. Pero deseo llamar la atención sobre una coincidencia en particular: los líderes de las Américas y de las potencias mundiales emergentes reconocen que es necesario aumentar las inversiones en la agricultura.
Es la hora de invertir más en la agricultura. Es la hora hacer inversiones inteligentes orientadas a construir una agricultura que nos asegure competitividad, equidad, sostenibilidad. Mañana será tarde.
