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La horizontalidad de la educación pública panameña


Por horizontalidad entendamos la ausencia de crecimiento positivo, en la calidad de la educación pública panameña.
A partir, creo que, de mediados de los 50, el elevadísimo estándar educacional público, inició su bajonazo en todos los niveles de escolaridad.

Ya para finales de los 60, mediados de los 70, se trataba de una educación sin sabor real a enseñanza; en el presente, confrontamos el verdadero desastre educacional.

Quienes recuerdan el orgullo de estudiar, en los buenos tiempos, en La Normal de Santiago, el Instituto Nacional, las facultades de medicina, ingeniería, arquitectura y derecho de la Universidad Nacional, vuelven la mirada y con seguridad sienten espanto.

La profesión de educadores, en todos sus niveles, es absolutamente, craza. Parten mal y por no verse obligados a la superación profesional, su desempeño es, por decir lo menos, pobre.

Si existiese amparo estadístico, nuestros educadores pertenecen a un grupo enorme a nivel mundial, donde muy pocos países pueden enaltecer la bandera de la eficacia de su educación pública.

Una de las teorías más evocadas es que la gente pobre es la que participa, primariamente, del desastre. Que la pobreza trae consigo mala nutrición e inteligencia deficiente; por ende, no importan los niveles de efectividad de quienes pretenden enseñar si, total, los pobres aprende lentamente si acaso aprenden algo. Son deficientes en geografía, matemáticas, historia, ciencia, etc. Cuando se gradúan, si es que eso ocurre, pocos saben leer o escribir bien. Que tristeza y que falsedad más absurda.

La verdad es que, los que asisten a clases, quieren aprender y adquirir niveles eficaces de conocimiento y completar sus ciclos, para enfrentar el deseo de superación. El problema radica en la carencia de capacidad profesional de quienes les enseñan en el nivel que sea. Este es el elemento fundamental de la ausencia de crecimiento positivo en nuestra educación pública.

Los maestros y profesores deben ser evaluados en sus rendimientos, estar obligados a ingresar en espacios de superación profesional. Quienes no san efectivos y eficaces, deben ser despedidos sin amparo sindical. ¡Que hay que pagarles mejor! Fabuloso, hagámoslo con quienes lo merecen.

Le recomiendo a Lucy Molinar ver el documental “Waiting for superman” (Esperando a superman). Este “film” enfrenta la teoría expuesta arriba y la destruye por completo. Refleja lo que se hace en EE.UU., para enfrentar la crisis de la educación pública y los niveles de éxito alcanzados.