La importancia de nuestro agro
Ningún país puede vivir sin comida, así que lo más importante es su propia producción, ya que si no logramos esto, nos iremos a pique porque no hemos sabido manejarla. Desde hace muchos años, nuestra producción ha llenado gran parte del consumo por parte de nuestra población. Solamente si llegamos a crear la forma de cumplir con la responsabilidad alimentaria, iremos adelante en los programas que lleven al país a un adelanto verdadero.
Durante muchos años atrás, nuestra tierra era capaz de dar productos excelentes en cantidad y calidad; muchos de ellos que ingeríamos diariamente eran resultado del trabajo y la dedicación de nuestros hombres y mujeres del campo. Sin embargo, cuando era niña, ese trabajo se veía obstaculizado por la falta de caminos de penetración para sacar esos productos de la sierra (como se llamaba antes) al pueblo y ser vendidos para satisfacer las necesidades diarias de los campesinos.
Recuerdo que mi tío Sergio González Ruiz me decía en aquella época, la necesidad urgente de arreglar esos caminos para que nuestros campesinos pudieran traer sus productos al pueblo en una forma real y que no fuera en los zurrones de los caballos, en donde solo cabía una pequeña parte de lo que se producía, en vez de tener los medios modernos. Ahora que veo la cantidad de medios de comunicación que existen y que, los lugares donde antes solo podíamos entrar a caballo o en carreta, ahora quedan a 10 minutos del poblado por carretera, nuestros hombres del campo se sienten satisfechos por la facilidad de sacar esos productos de alimentación.
Sin embargo, existen otros factores que impiden ese progreso porque muchos de los alimentos que sembramos y cosechamos, ahora también los traemos de fuera a precios, muchas veces, menores y sin justificación de ninguna clase. Si retrocedemos en el tiempo, aquellos mayores dueños de las tierras y que las cultivaban o criaban ganado para tener una buena ganadería, tenían hijos que los acompañaban en el trabajo de esa tierra y poder sacar positivamente el resultado de la tierra trabajada. Hoy vemos cómo los hijos de aquellos hijos quieren ser profesionales: médicos, arquitectos, ingenieros, abogados y otros, deteniendo la formación de una generación relevo para luchar por esa tierra que se les ha entregado sanamente. Es así que vemos cómo no existe el trabajo generacional para salvarla y, por ser tierras valiosas, solo les queda venderla, generalmente, para una inversión turística, ya sea para construir hoteles o desarrollos frente a las playas y se elimine la producción de alimentos.
El mejor ejemplo lo observé hace aproximadamente dos años, cuando los indígenas cerraron las carreteras que venían de David, Chiriquí. ¿Recuerdan lo que sucedió con esa medida? Los alimentos de la provincia de Chiriquí no podían pasar hacia la capital y, en esa forma, hubo un desabastecimiento de comida. En otros tiempos, cuando la provincia de Los Santos era la segunda en producción en Panamá, suplían los alimentos a la población de la capital cuando estos no podían venir de Chiriquí. En ese momento comprendí que nuestra provincia 7, ya no tenía el valor que tenía antes y que nuestras tierras no producían lo de anteriormente.
Y me pregunto, dónde está la responsabilidad del momento; si en los padres que no supieron valorar lo que tenían en tierra y que, con su conocimiento y su trabajo, desviaron esa teoría hacia la pérdida de la producción, o en los gobiernos anteriores que tampoco supieron dar con educación, conocimientos y desvelos una obra llana que supliera nuestra producción agrícola y que conservara la responsabilidad alimentaria.
Por esto me alegro cuando escucho a José Domingo decir que, de ser presidente de la República, a su lado estará el ministro del Mida y el de Educación. Sobre este tema hablaré en otra ocasión porque no hay país que se desarrolle si no se educa a los jóvenes para tener la claridad de dar un puesto número 1 en el agro; que aprendan el valor de esa valentía que lleve a nuestro pueblo a servirse por cada uno de suplir sus necesidades. Traigamos, pues, lo que quise decir con servirnos de la tierra, a tal punto que nos suplamos nosotros y a otros que lo necesiten porque sí hubo una educación para ello.