La importancia del inglés
Hace unos días, un joven abogado panameño que realiza una pasantía en la OEA, me señalaba que estando en los Estados Unidos se percataba de la importancia que es el inglés para el desarrollo de cualquier panameño, algo que pareciera a muchos le cuesta entender. Que las oportunidades que descubre cada día se deben a eso: conocer el idioma inglés.
Esa importancia me la enseñaron en mi hogar. Mi padre, que llegó a trabajar 33 años en el Chase Manhattan Bank, llegando a ocupar una de sus gerencias principales, y luego de jubilado por varios años ejerció la Gerencia General del Banco Continental y del Banco Trasatlántico, nunca piso un aula universitaria; ni siquiera se gradúo de escuela secundaria. Sin embargo, porque una tía casada con un norteamericano le facilitó el ingreso a la escuela secundaria de Balboa, pudo aprender el inglés, manejándolo como si fuera su idioma nativo. Ello le facilitó el acceso a todas las posiciones laborales que ejerció durante toda su vida.
Definitivamente que ahora son tiempos diferentes. A nadie le ofrecen una buena posición sino tiene un título que mostrar y domina las computadoras, pero… siempre hay un pero, eso si domina el inglés.
La herramienta del idioma es vital para un país que quiera ir en camino del primer mundo, como intenta Panamá. Así lo hizo Chile cuando firmó el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, emprendiendo un masivo plan de estudios del inglés con profesores irlandeses, así hoy Costa Rica mediante un plan de enseñanza ideado por el gobierno de Oscar Arias, en donde se pretende que todos los ticos dominen el inglés para 2017 y donde varias entidades internacionales ayudan.
En visitas realizadas por diferentes funcionarios públicos actuales a la OEA hemos estado impulsando programas que se realizan en otros países con la intermediación de la organización.
Por ejemplo, uno patrocinado por la Fundación Fullbrigh, en donde durante los veranos en Estados Unidos (junio a agosto) decenas de profesores de inglés de universidades de ese país se trasladarían a Panamá a convivir con nuestros estudiantes para que aprendan el idioma. El IFARHU y Senacyt han conocido de tales proyectos.
Estoy seguro que gobiernos como el de Canadá y los mismos Estados Unidos, y entidades como el Banco Interamericano de Desarrollo, además de la OEA, ayudarían a preparar esos proyectos. ¿Por qué no intentar algo parecido a lo que hizo Chile? El beneficio que como país recibiríamos compensaría en corto tiempo el monto de la inversión que se haga, por más alta que ésta resulte. ¿No les parece?
