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La independencia era la meta, la libertad era el camino


En el Acta de la Proclamación de Independencia de Panamá de España en la Villa de Los Santos, del 10 de noviembre de 1821 se manifestó “el voto general del Pueblo, para separarse de la nación española, por motivos que eran bastante públicos, y que son tanto más opresores, cuanto que no pierden un momento de subyugar cada día más la libertad del hombre: Atentando cada español, por ridículo que sea principalmente si tiene mando y es militar, hasta contra lo más sagrado, que se haya en todo ciudadano, que es su individuo”. En esta gesta una mujer interiorana Rufina Alfaro, se convirtió en adalid del proceso independentista que encarna el espíritu de rebeldía contra el colonialismo y el sometimiento.

“La independencia era la meta, la libertad era el camino” escribió Herasto Reyes, y agregó “Hay que decir que los historiadores no han encontrado evidencias contundentes (documentos, testimonios escritos) sobre la existencia de una mujer llamada Rufina Alfaro. Pero hay que reconocer, también, que en la historia hay personajes míticos que tienen tanta fuerza como los de carne y hueso. En el caso de Rufina Alfaro, por ser conciencia de un pueblo, esa fuerza se tornó invencible. Cada santeño y cada santeña de la época era “Rufina Alfaro”, concluye Herasto.

Hoy los desafíos de nuestra realidad nos invitan a ser Rufina Alfaro, en varias tareas incumplidas. Entre ellas la necesidad de reafirmar nuestra independencia y autodeterminación como país, pues a pesar de haber avanzado con la recuperación de la soberanía en todo territorio, con el control nacional de la vía canalera, la posición geográfica y la desmilitarización, todavía debemos caminar en cuanto a fomentar una política exterior focalizada en el interés nacional, la integración latinoamericana y la solidaridad en la lucha por la justicia y la paz en un nuevo orden mundial. Fomentar un modelo de país centrado en el desarrollo humano sostenible y no en el extractivismo depredador.

Nos invita a ser Rufina Alfaro, el respeto a los derechos humanos y el combate a la impunidad, ejemplificada en que todos los informes sobre los hechos de Changuinola señalan la responsabilidad primaria y directa del Estado, y todavía no existe la voluntad de sancionar a los responsables y compensar debidamente a las víctimas y afectados. Rufina peleaba por la libertad, y en Panamá de hoy el derecho a expresarse, a informar libremente también está amenazado, casi dos siglos después.

Todo empezó en un pueblo interiorano, la Villa de los Santos, pero nuestro país era y sigue siendo profundamente centralista. Al país le hace falta una política pública, construida participativamente, sobre la descentralización y fortalecimiento municipal y local, como elemento imprescindible de un desarrollo integral y equitativo, pues el imperativo de la descentralización figura en la Constitución.

A finales de los noventa se estructuró una agenda nacional emanada del Pacto por la Descentralización y el Desarrollo Local, como compromiso entre partidos y sociedad civil, que señaló claramente: Impulsar decididamente la descentralización político administrativa del Estado panameño, como un proceso de transferencia gradual, equitativa y responsable de competencias, recursos humanos, tecnológicos y económicos, responsabilidades y poder de decisión desde el gobierno central hacia los gobiernos locales; y el compromiso de respetar la estructura de gobierno tradicional y comarcas de los pueblos indígenas y buscar su incorporación al régimen municipal salvaguardando su identidad. (raulleisr@hotmail.com)