La indiferencia de la CSS (Y van 16)
La Caja del Seguro Social es uno de los grandes logros de Panamá. No de un gobierno, no de un presidente. Desde hace 70 años, esta institución se convirtió en el principio rector del cuidado de la salud de todos los ciudadanos.
Pasaron gobiernos, la dictadura, la invasión y llegó la Democracia. Todo eso pasó, y la Caja del Seguro Social fue el inmutable testigo de muchos acontecimientos de la historia criolla.
Pero, al margen de la solidez de sus profesionales y el esfuerzo de todo su personal, hoy la institución vuelve a estar en el ojo de la tormenta: 16 personas muertas, que llegaron buscando salud y salieron en un cajón.
Todo –todo lo trágico- por culpa de una bacteria nosocomial llamada “klebsiella pneumoniae”.
En Estados Unidos, cada año se presentan entre 80 mil y 100 mil infecciones nosocomiales, convirtiendo a este factor en la octava causa de muerte en ese país.
Pasa. Las bacterias existen. Y la Caja del Seguro Social, su Complejo Hospitalario, no fue esta vez la excepción.
Lo que sí no deja de sorprender es la pésima atención que le dieron las autoridades al problema. Las 16 familias de los 16 muertos no recibieron ni siquiera explicaciones acordes con la tragedia.
Lo de la bacteria puede ser una burla del destino –entrelazada con el precario mantenimiento del Complejo- pero lo que no puede ser -y no debe ser- es la burla en que se convirtió las respuestas que brindó la CSS a los deudos.
Tratar de esconder la suciedad debajo de la alfombra no soluciona nada. No informar, contener, ayudar, respaldar y responder a los familiares de las víctimas es una vergüenza. Una vergüenza no acorde con la historia de la CSS.
Guillermo Sáenz-Llorens debe replantear el tratamiento y atención que se le da a los familiares de los fallecidos. Ellos deben ser, ahora, la prioridad (al margen de las obvias acciones para evitar más muertes en el Complejo). O se dan respuestas o deben rodar cabezas. Una muerte –sólo una- es una muerte. Y alguien debe dar la cara.