La inercia educativa nos condena
Cada tres años se realiza la prueba internacional de educación PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos de secundaria). El que se publicó hace unos días, fue realizado en el 2009. En el mismo Panamá se ubicó entre las naciones con los peores resultados. Un rasgo, además de preocupante, ya común en las pruebas académicas internacionales en las que suele participar el país. Aunque las interpretaciones sobre este informe puedan justificar las variadas críticas que se le hacen, hay que destacar dos cosas que se revelan claramente para los países de la región: Chile sigue a la cabeza con los mejores índices para América Latina, y en cambio Panamá suele estar, en casi todas las mediciones internacionales que se realizan, entre los países con los resultados más mediocres. El panorama de esta vez sólo confirma lo que ya se sabía: es insuficiente lo que se está haciendo por la calidad educativa de los estudiantes panameños. En nuestro país, lo que se reitera es que urgen políticas educativas oficiales más rápidas y eficaces, que reduzcan los niveles de mediocridad que se observan en muchos aspectos de la vida nacional, especialmente el educativo. Este informe, pese a sus diferencias técnicas o conceptuales que posee, es útil pues nos permite visualizarnos respecto a la región. Y estamos retrasados. No hacer nada nos condenaría a mantenernos como estamos. El problema no es exclusivo de un partido político, es necesario involucrarnos todos y hacer un mejor esfuerzo de parte de toda la sociedad para aspirar a mejores resultados en un futuro.
