La irresponsabilidad reina y construye
El término responsabilidad puede tener una gama variada de acepciones en atención a diversos criterios, hay responsabilidad contractual, la hay en atención a los deberes de un estudiante, un padre, un hijo, un funcionario, un político, etc., pero en atención a nuestros males me interesa destacar lo relativo al lugar y naturaleza que al concepto Responsabilidad hemos dado, llevándolo a una “conveniente” desnaturalización en su permanente aplicación, a fin de construir casualmente lo que hoy tenemos; peor aún, se sigue reproduciendo en el mismo sentido en nuestro Estado y sociedad.
Es luego, entendible las situaciones a las cuales hemos llegado como sociedad en relación con todo lo que nos daña, ya que la idea primigenia respecto al nacimiento, constitución y desarrollo de toda sociedad implica precisamente la existencia de normas que deben ser cumplidas, convencidos de su necesidad y aplicadas incluso coercitivamente en la medida necesaria a fin de hacer responsable a todo quien cause daño a otros, sea quien sea. Democracia es así, el desconocimiento fundamental de privilegios por una parte y el señorío y aplicación en forma climática del término Responsabilidad cuya degeneración por conveniencia facilita una sociedad subsumida dentro de este paradigma, propiciando su libertinaje y autodestrucción. No querer vislumbrar este fenómeno retroalimentable y progresivo es razón que permite vernos lucir como países incapaces, atrasados y lamentables, ante los ojos y razones de otras naciones que han sabido superar aquellos esquemas dedicando sus recursos, intelectos y energías en asuntos como la capacitación de excelencia, eficiente cuidado de sus recursos naturales, visión de Estado de prosperidad, su rol económico y estratégico Internacional, etc.
En esencia, ¿cómo es que decidimos convivir por esta vía del facilismo y la corrupción fundamentados en el reino de la irresponsabilidad, no obstante, la existencia de leyes?
¿Ha tenido esto consecuencias, en medida alguna?
Obviaré fundamentar, por razones de espacio, mi primera interrogante e iniciaré respondiendo la segunda advirtiendo que: “estoy convencido de que mi querido Panamá, con todos sus miserables, explotadores, avariciosos, mansos, buenos, cizañosos, malos, laboriosos, niños(as), adultos(as) de toda clase social, razas, credos etc., es salvable por decenas de razones que aun, con el derroche histórico material y social, mantenemos puntos firmes donde apuntalar los soportes de nuestro propio rescate, a diferencia de países hermanos donde ya es imposible.
¿Cómo así?, pues porque a pesar de que somos una sociedad educada dentro de progresivas carencias ideológicas e intelectuales, en el trabajo manual ligado a servicio de empresarios y no al empoderamiento del emprendimiento natural; el tipo de sociedad que desprecia los libros porque el tiempo es mejor preciado para los vicios, contamos no obstante con algunos recursos que, si nos lo proponemos, saldremos rápidamente del hueco en que hemos aceptado estar. El recurso o situación más importante con que contamos para nuestra reestructuración y que nos brinda tiempo y espacio para lograr amarnos y comprendernos solidariamente para el mejoramiento de todos es, a diferencia del resto de nuestros vecinos, nuestro aún muy bajo número poblacional. Este es el tema que tiene a Colombia, Venezuela, Brasil, México, Guatemala, Haití y otros, sumidos en una casi insalvable situación pues, ello ligado a factores de carencia en recursos, tecnología, sabia administración, liderazgos, etc., contribuyen a agravar y trancar progresivamente, todo lo que muy mal se inició.
Panamá está a tiempo si lo estima, pero mi gran preocupación viene del hecho de que no se atina en las estrategias de rescate en la parte social (que es lo fundamental) y por razones de incompetencia o maldad administrativa, entre otras provenientes de la aceptación social misma, quinquenio tras quinquenio el país despunta sus infraestructuras multimillonarias con cargo a gastos absurdos y endeudamientos irresponsables mientras en lo fáctico florecen e incrementan aceleradamente las necesidades de masas de pobres sin oportunidades, tierras, viviendas, servicios públicos encarecidos, ignorancia, crímenes, pandillerismo, etc.
Somos una sociedad que acumula exorbitantes riquezas para unos grupitos, incluso importados mientras del otro lado un criadero de miseria y criminalidad florecen a ritmos similares.
Esto, por supuesto no termina aquí. Debo sustentar muchas otras consecuencias respecto a las razones de nuestros desatinos y tocar temas diversos en materia de crianza infantil, educación, emprendimiento verdadero y lo que propicia en derroche la Ampyme, nuestras Facultades de Administración en la UP, etc.