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La joya verde de Herman

Por: Redacción 28/01/2017

Antepuesta la fugaz escala del ejecutivo Franco Macri, este me solicitó que le destapara, en una jornada, una actividad que fuese una variante extrema al diario quehacer de Piamonte, allá en la esquina industrial norte italiana, en Torino, mejor conocida por ser la ciudad natal de Don Bosco, plaza del segundo museo egipcio más grande del orbe y sede de la FIAT.

Franco nos había honrado como destino con dos visitas anteriores, símbolo de buen agüero porque cuando alguien pernocta en un destino repetidamente, indica complacencia, y eso es lo que queremos fraguar con los turistas, que retornen.

Durante sus dos antesalas cubrimos lo que se hace tradicionalmente en Panamá. En la primera, de rigor la visita al Canal. La segunda nos trasladó a isla Aguja, atravesando la cordillera hacia el Caribe guna, paradisiaco destino donde a cambio de $5 se compra una langosta sazonada con ajo, presentada con una porción de arroz con coco y patacones por $10 más. ¡Un robo a la naturaleza y un manjar que pernocta eternamente en el pensamiento!

El reto, entonces, es cómo superar “in crescendo” las expectativas del forastero sin repetir la sazón de su anterior salpique. Entra en escena Jim Peebles, gerente general de Gamboa Rainforest Resort, la joya verde de Herman Bern, que nos lega una Avenida Balboa adornada por sus edificios, que a lo opuesto de sus competidores, destellan la calidad de materiales bien seleccionados, impecable servicio y su notoria vocación de hacer las cosas bien. Dentro de su división hotelera, Gamboa es la brillante esmeralda que brinda un valor agregado al concepto de hospitalidad por su menú de actividades que nos obligan a apagar el celular y regresar al siglo XX.

“Por favor, Jim, una jornada diferente”. “Listo, ¡les esperamos mañana!”. La secuela de actividades, una detrás de la otra, masticada entre 9:00 a.m y 3:30 p.m., es tan vigorosa que deja espacio para posteriormente reposar en una de las hamacas que adornan los balcones de cada habitación de esta estancia quijotesca.

Posterior a una introducción de las actividades en el escritorio de giras, abordamos el busito que nos traslada al teleférico, donde nuestro experto guía Tito González, egresado de la Universidad de Panamá, nos recibe con abundantes detalles sobre la perspectiva única de la gira de 600 metros a bordo de una góndola sobre el bosque que nos permite visualizar tucanes, monos y hasta un águila antes del arribo a la torre de observación de 30 metros, donde gozamos la privilegiada vista de las comunidades indígenas emberá, el Parque Nacional Soberanía y el punto donde el río Chagres y el lago Gatún, punto obligado de fotografía icónica con un buque flotando sobre la espesa jungla tropical.

Tito complementa su pedagogía ecológica con visitas al humedal de las ranas y el mariposario antes de despedirnos en el Centro de Vida Silvestre, donde su animado director, Néstor Correa, nos ilustra sobre su tarea de rescate, habilitación y reubicación de crías abandonadas y animales silvestres que han sufrido lesiones o deshidratación. Allí vimos y palpamos varias especies, entre ellas, osos hormigueros y perezosos, un puercoespín y un capibara, el mayor roedor del mundo, antes de admirar a la espectacular Fiona, una deslumbrante puma. Después del tonificante almuerzo continuó nuestra trayectoria a bordo de una barcaza que nos trasladó más allá de la boya 69 del Canal en búsqueda de monos capuchinos, aulladores, iguanas, aves y hasta un enorme cocodrilo.

“¿Qué te pareció, Franco?”. “¡Un éxtasis mental! ¡Nunca imaginé tanta belleza más allá del estudio de Miguel Ángel!”, fue su excepcional réplica, deseando hoy un feliz onomástico 70 a don Herman Bern, creador de este paraíso tropical que nos distingue.    

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Miércoles 15 de julio de 2026