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La justicia y la conducta humana


Paulino Romero C. (opinion@epasa.com) / Pedagogo, escritor, diplomático

Corresponde al Órgano Judicial ejercer la administración de la justicia. Pero para que la justicia a nivel de Estado no pierda su majestad y su omnipotencia, y deje de ser una simple enunciación principista, quienes están encargados de administrarla, concederla y aplicarla han de obrar con probidad, con honradez, con ecuanimidad y con entereza, permaneciendo inmunes a la venalidad, impermeables a la prebenda, incontaminados de mezquinos prejuicios e imbuidos de una probada rectitud moral.

Sin embargo, todos los panameños debemos cultivar el espíritu de justicia. Respetar la propiedad ajena. Defender el propio derecho, pero reconocer el de los demás. La serenidad sin prepotencia ni apasionamiento es el único método para solucionar los pleitos y los desacuerdos de las personas. La razón es la única fuente del entendimiento. Quien emplea la violencia o la autoridad de “porque sí” para imponer su capricho, actúa así porque no le asiste la razón.

En un sano intento de abordar un aspecto muy importante de las diversas actividades del hombre y la mujer, incursionamos en el terreno de la justicia y su vinculación con el comportamiento humano. No abordaremos a la justicia con mayúscula, desde luego, aunque mucho habría por decir allí, sino que simplemente vamos a pretender establecer la vinculación que debe existir entre el comportamiento humano y lo que se da en llamar “espíritu de justicia”.

La equidad, el sentimiento de lo correcto, de lo adecuado a cada circunstancia y de lo honesto, son elementos imprescindibles del comportamiento humano que pueden agruparse en el término único de justicia.

Nunca podrá decirse que no acata los principios del comportamiento humano quien procede dentro de lo justo, y con seguridad que muchas veces se podrá afirmar lo contrario.

Una regla que permitirá no equivocarse nunca en esto de la relación entre la justicia y el comportamiento humano es aquella que aconseja dar a cada uno lo que le corresponde.

Si procedemos en esta forma, o sea sopesando y ponderando todas las circunstancias para retribuir o premiar, tendremos la seguridad de estar actuando según el comportamiento humano, trátese de la relación familiar, como podría ser en el caso de la educación de los hijos, o de la vida en comunidad, con nuestros amigos, con nuestros subalternos, etcétera. Puede parecer difícil discernir en todo momento, frente a cualquier circunstancia, cómo proceder con justicia; pero ya no lo será tanto cuando pensemos que en la razón se encuentra la única fuente del entendimiento.

En otras palabras, el buen sentido o sentido común, como también se lo llama, nos indicará casi siempre de qué lado está lo justo y dónde no lo está, para que procedamos en consecuencia. ¡Y por cierto que nada contribuye más a trazar una mala imagen del respectivo comportamiento que la injusticia en el proceder!

La razón de la fuerza debe ceder siempre ante la fuerza de la razón. Esto también debería ser un principio inapelable del comportamiento humano. Además de actuar con mesura, con buenos modales, se debe actuar siguiendo el lineamiento marcado por la razón en la seguridad de que ella siempre será el argumento decisivo y definitivo en todo diálogo o discusión, y ante ella cederán todos los que se basen exclusivamente en la fuerza. En una discusión, por ejemplo, siempre que se desarrolle dentro de las normas del buen comportamiento, no tendrá la razón final quien actúe con más energía, quien hable más alto o grite, sino quien sea poseedor de la verdad. Y este ejemplo es aplicable a cualquier caso.

Esto nos enseña que el comportamiento humano aconseja actuar siempre con serenidad, sin exageraciones y, desde luego, sin menor señal de prepotencia ni apasionamiento. Cuando la razón y la justicia estén de nuestro lado, no habrá por qué ceder ni una pulgada de nuestra argumentación, pero en caso contrario reconocer el error, devolver las cosas a su debido lugar, restablecer, en suma, el imperio de la justicia aunque perdamos nosotros en ello nos hará ganar siempre en potencia del comportamiento humano y de dignidad, y nos dará patente de ecuánimes e insobornables para otra oportunidad.

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Viernes 14 de agosto de 2026