La lección de News of the World
En algunos países de Europa, en cambio, que los periodistas paguen para recibir información que posee una fuente es habitual.
La información tiene un precio –dicen estos últimos- y a veces hay que pagar por ella, más si las revelaciones merecen que se hagan públicas.
Este debate persiste y está lejos de concluir dentro del ámbito periodístico.
En lo que sí no hay debate, y las voces coinciden, es en un asunto: su rechazo a pinchar los teléfonos o correos para conseguir información. Es decir, a cometer un delito.
Esa práctica fue habitual en el diario británico News of the World, que terminó cerrando acosado por la presión pública y por procesos que iniciaron las víctimas de los “pinchazos”, en su mayoría famosos y políticos. Ayer, el exreportero de ese diario Clive Goodman –preso por violar comunicaciones y según la empresa el único que utilizaba ese artilugio- dijo que hacía cuatro años que el espionaje telefónico era común en News of the World y que periodistas de “alto nivel” aprobaron tal práctica, en busca de primicias exclusivas. Es decir, fueron todos. No solo él.
Pagar por información –práctica rechazada por los diarios de Panamá- aún se acepta en algunos países. Lo que no se acepta es violar la privacidad de las figuras públicas en busca de información. Eso, además de ser contrario a la ética periodística, es ilegal.
El periodista tiene innumerables herramientas para revelar lo que otros quieren ocultar y que tiene relevancia pública. Esto es, interés público.
Lo otro, lo de News of the World, es sencillamente un crimen.
Un delito.