La lección peruana
El resultado de las elecciones peruanas no requiere mayor conocimiento en materia política para explicarlas. Está claro que la población más pobre de ese país, excluida del crecimiento económico que solo beneficia a los que más tienen, terminó pasando factura al propio sistema democrático.
Perú, que después de Panamá es el país de Latinoamérica con la tasa de crecimiento sostenido más alta de los últimos años, ha contado con al menos dos gobiernos que en materia económica han garantizado un clima propicio para la inversión extranjera y sobre todo, la apertura comercial que el momento requiere. Es así como hacen la tarea a tiempo y terminan implementando el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos primero que nosotros.
Así las cosas, un país con un gran crecimiento económico pero con una clase media apenas emergente y concentrada en las principales ciudades, fueron incubando en su sociedad mas excluida un resentimiento contra lo establecido, que terminó enfrentado en segunda vuelta electoral a la extrema derecha contra la extrema izquierda. Hay que señalar la miopía de los políticos tradicionales y moderados de ese país que no supieron ver el escenario por venir.
¿Cuál es la lección? De nada sirve tener números macroeconómicos envidiables si grandes sectores de la población no salen de la marginalidad y la pobreza extrema. Al final, reclamarán su parte de la riqueza buscando al primer antisistema que se les cruce en el camino.
Es cierto que en nuestro país la clase media esta asentada y establecida con ingresos importantes. La ciudad de Panamá refleja solo un 12% de pobreza. Pero existe un sector de la población excluida que se extiende cada vez más. En la periferia de las ciudades de Panamá y Colón, en algunas cabeceras de provincias y en muchos pueblos del interior la pobreza supera el 50%. La peor parte la llevan las áreas indígenas donde la pobreza oscila entre el 90% y 95%.
Con estos datos, nuestros políticos no tienen derecho a jugar a la politiquería preelectoral. Cada vez más panameños se ven excluidos de acceder a buenos ingresos, porque no califican para ser absorbidos por la demanda del sector privado. Sin una educación adecuada, el camino se le hace expedito a la mano de obra extranjera. Hay que tener mucho cuidado. En nuestro país se cocina a fuego lento la posibilidad de que grandes sectores de la población se cansen del sistema político existente y acepten como bueno el canto de sirena de algún líder refundacional con ínfulas de caudillo. Queda poco tiempo para corregir el rumbo.
