La Ley 30: una ley orwelliana
En sociedades como la nuestra, castigada por una creciente desigualdad, una pobreza rampante y con los derechos subjetivos cada vez menos garantizados por el sistema legal, el autoritarismo social se va apoderando de las instituciones estatales.
Aristóteles advirtió tempranamente: “Aquellos que disfutan de demasiadas ventajas –fuerza, riqueza, conexiones, etc,-no están dispuestos a obedecer (el derecho) y son ignorantes de cómo obedecer”. La desobediencia y la ignorancia gubernamental están desatadas, a tal grado, que ahora también afloran las proclividades militaristas y guerreristas, que solo traerán más zozobra y violencia.
George Orwell, nos demostró en su gran novela "1984", que "fact do not matter". En nuestro Panamá, la Ley 30 ha servido para corroborar que los actuales gobernantes, al igual que los anteriores, recurren sistemáticamente a la mentira y al engaño como forma de gobierno.
Aun cuando usted los confronte con los hechos, con los "testarudos hechos", poco importa. Las más básicas y elementales formas y normas han desaparecido completamente y, la Ley 30 es un vivo ejemplo de ello. El secuestro de los pocos espacios democráticos existentes y la ausencia creciente de mecanismos de participación y control ciudadano o institucional, le han facilitado las tareas antidemocráticas para la imposición de una norma inconstitucional, antidemocrática e improsulta. Y, con ella, afianzar el autoritarismo gubernamental, abortar los derechos ciudadanos y brindar un marco “jurídico” para que nos quedemos sin país.
Lo más orwelliano de las defensas que le hacen a la Ley 30, es que están edificadas sobre mentiras y engaños. Pero como los gobernantes no pueden hablar con la verdad, tampoco pueden hacernos creer nada porque todo lo han concebido en base al engaño y la mentira.
Nuestros gobernantes, de todos los Organos del Estado, se mienten y engañan entre ellos mismos y terminan creyéndose sus propias mentiras y las convierten en sus verdades que quieren que nosotros las aceptemos sin chistar. Basta leerles los artículos, discursos que escriben o mandan a escribir, los desayunos partidistas o la propaganda a favor de la Ley 30. Cualquiera que los lea u oiga se encontrará ante verdaderos neofundamentalistas inspirados en la enseñanza del fascismo germano del: "miente, miente que algo queda".
Así pues, se nos quiere hacer creer que la Ley 30 “es buena”, “es necesaria”, “traerá progreso”, “es lo mejor que ha podido ocurrir”. Para convencernos de lo anterior, han montado -con la complicidad por acción u omision de la mayoria de los asistentes- una “mesa del Diálogo” digna de Ripley, en la cual ellos se engañan y se mienten entre ellos para asi poder mentir y engañar mejor a la población.
Mientras en el país, más del 40% de los centros educativos carecen de luz eléctrica y el 23% de agua potable; el Gobierno nos engaña con la Ley 30 para que no sepamos que hacen falta bibliotecas, bibliotecarias y libros actualizados, al igual que laboratorios de Ciencias que contribuyan a la formación científica de los estudiantes; que persiste el hacinamiento en las aulas de clases; que más de cien mil estudiantes asisten a centros multigrados, es decir un docente para varios grados; que el gobierno destina al presupuesto de Educación tres veces menos que al pago de la deuda externa, que la ausencia de una política educativa nacional está acarreando graves perjuicios a nuestro país en todos los terrenos. ¿Hasta cuándo?
