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La ley de medicamentos


Son varios los actores comprometidos en este debate. Desde las instituciones del Estado, las casas distribuidoras, las empresas dedicadas a la venta y los consumidores. Cualquier tema que anime el debate debe partir por considerar los intereses de cada parte, pero sobre todo de la comunidad que las consume. Toda agenda sobre los medicamentos constituye un tema de salud pública, de deberes del Estado para con una sociedad, que a menudo ha expresado cierta insatisfacción en este asunto. Durante la década de los años noventa la discusión fue amplia y aparentemente satisfactoria. ¿Hacia dónde se dirige ahora? Las autoridades y los gremios comprometidos en el debate deben dar a conocer, profusa e intensamente, la propuesta nueva que contemplan. Es posible que contenga avances significativos, pero la experiencia mediata e inmediata del país en estos eventos indica que por muy buena que sea una formulación, si no se divulga y no llega hasta los principales interesados, lo más seguro es que se forme en su entorno toda clase de especulaciones y hasta dar al traste con las buenas intenciones que la anima. Es especialmente significativa la discusión pública, dada la amarga experiencia de la Caja de Seguro Social y los medicamentos envenenados que acabaron con la vida de cientos de pacientes y que han dejado una secuela de condenados en vida. En honor a ellos y por la responsabilidad que requiere la ciudadanía, los mecanismos de control y la rigurosidad que deben contemplar debe ser uno de los aspectos esenciales de esta discusión.