La ley en el ómnibus
El otro día en un programa de comentarios televisivo, el ministro de la Presidencia se quejaba con amargura por los reclamos sobre la ley 30. Como trabajó en el Congreso norteamericano, le pareció correcto que si ellos tienen las llamadas “Omnibus bill”, los panameños deberíamos entrar en la onda del cambio y hacer lo mismo. La verdad, comparto el espíritu de su afirmación: la Asamblea Nacional debe modernizarse y utilizar métodos de economía parlamentaria que funcionan en otras latitudes. Entonces, ¿Qué salió mal?
En los Estados Unidos, la Cámara de Representantes, que se renueva cada 2 años, está compuesta por representantes de distritos electorales donde sus electores tienen una relación directa con su congresista en la elaboración y aprobación de la mayoría de las leyes. El Senado, que se elige cada 6 años de manera escalonada, funciona en beneficio de los intereses de los Estados a los cuales pertenece cada senador. Y por último están las iniciativas parlamentarias del Presidente quien tiene también la facultad de veto. En este sistema los tres funcionan como control de cada uno. Todo se discute en comisiones abiertas y de cara a la opinión pública en los distritos electorales y en el propio Congreso.
Cambiar en Panamá nuestro imperfecto sistema legislativo como lo plantea el ministro mencionado no es más que alterar un solo elemento de un sistema que no funciona. Y para colmo, como los demás elementos del sistema no conocen la nueva variable, los resultados pueden ser impredecibles, como pasó con la ley 30.
¿Quiere un cambio real? Reforme el sistema de manera que el Diputado deje de ser un Representante de Corregimiento con plata. Lo problemas del día a día de los ciudadanos deben resolverse a nivel municipal. Para eso ya existe una ley de descentralización.
Los diputados deben conocer y ejercer su real papel y su poder. Los votos para una ley deben ser producto del acuerdo ciudadano y no de la voluntad del Ejecutivo o de cúpulas partidistas. El papel del diputado es legislar y no hacer caminos, por ejemplo. Los puede conseguir, porque para eso existen los acuerdos parlamentarios. Si el Ejecutivo premia a los Diputados amigos y castiga a los que otros, no ayuda al cambio. El comportamiento del diputado José Blandón es el correcto para un oficialista en una democracia moderna.
No creo que haya que reformar ni cambiar la constitución. Las leyes necesarias ya existen. Quizás una buena ley anti tránsfugas que derogue la que promueve esta abominación de la política criolla sea necesaria. Mientras esto no ocurra, seguiremos viendo el ómnibus del cambio en el mismo lugar.
*Director Ejecutivo de Fundación Instituto Panameño de Estudios Cívicos.
