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La libertad de expresión en riesgo


La intromisión del Gobierno argentino en el funcionamiento de los dos principales diarios independientes de ese país es un atentado flagrante contra la libertad de expresión. En lugar de retroceder al pasado pretendiendo controlar la prensa, los gobiernos latinoamericanos debieran concentrarse en la lucha contra la pobreza y la delincuencia, así como el desarrollo económico y educativo.

El proyecto de ley propuesto por el ejecutivo argentino será aplazado, pues la oposición kirchnerista con justa razón lo considera como inconstitucional. A juzgar por la venganza política que muestra dicho Gobierno hacia los medios que no le son favorables, empieza a coquetear con un autoritarismo retrógrado.

La libertad de prensa en este país queda herida de muerte, pero la sociedad argentina debe estar alerta y desempeñar un papel protagónico en la defensa de ese derecho tan preciado.

La prensa siempre ocupa un papel fundamental en la lucha contra la corrupción, que en nuestro continente es un gusano que corroe sistemáticamente el aparato político y retrasa nuestros planes de futuro, socavando la institucionalidad democrática.

Es una pena que el Gobierno argentino siga manteniendo con una desfachatez tremenda esa mentira según la cual los dueños de los dos diarios argentinos más influyentes se coludieron con la dictadura para hacerse de Papel Prensa, la empresa que provee de papel a 170 periódicos impresos en el país sureño. Argumento que ha sido rebatido por el hermano e hija de David Graiver, ex dueño de la empresa.

El grave error en el que ha incurrido el Gobierno argentino le hace un flaco favor a su economía, pues espanta a los inversionistas y empaña su imagen. La prensa no es una marioneta que se pueda manipular al antojo arbitrario e irracional de cualquier gobierno. La sociedad argentina haría bien en sumarse a la lucha que enfrentan los dos diarios contra un gobierno que muestra tener poca vocación democrática.

¿Acaso el Gobierno argentino pretende imitar las inadmisibles actitudes contra la libertad de prensa que se vienen ejecutando en Brasil —donde los comediantes de radio y televisión no se pueden burlar de los candidatos que participarán en las próximas elecciones—, Venezuela —país en el que Hugo Chávez cierra los medios de comunicación de la oposición—, o México —lugar en el que los periodistas que investigan a narcotraficantes son asesinados convirtiendo al país en un campo de batalla donde impera la violencia en vez de la ley-?

Han pasado muchas décadas de aquellos incidentes nefastos en los que la dictadura ensombreció —en varios países latinoamericanos— con su poder y a la fuerza el bien tan preciado de la democracia y con ella, el de la libertad de expresión.

¿Qué sentido tiene que varios países de nuestra región logren establecer regímenes democráticos si para alguno de ellos la democracia solo es una careta con la que se disfrazan para ocultar las intenciones de manipular y callar la prensa independiente?

A partir de ahora, el respeto irrestricto a la libertad de expresión será un indicador sustancial para diferenciar a aquellos países del continente que quieren quedar relegados en el pasado nefasto y otros que con valentía dan un paso adelante para hacer respetar los valores de la democracia.

Carlos Alberto Rosales Purizaca

Educador y Periodista

rosalespurizaca@gmail.com