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La lucha armada no tiene futuro


“La guerrilla colombiana por la vía de las armas no tiene futuro”, ha dicho recientemente Hugo Chávez durante la reunión con su homólogo de Colombia, Juan Manuel Santos, en la ciudad de Santa Marta, y con la cual se reabrieron las relaciones diplomáticas entre los dos países. Afirmación cardinal, podría tener implícita cierto interés de la insurgencia más vieja del continente en cambiar las armas por un escenario político, como ocurriera hace casi veinte años con el M-19 y el Ejército Popular de Liberación.

Hoy, por lo menos el primero, goza de protagonismo político en la democracia colombiana. Que las FARC dejen las armas sería un hecho realmente significativo que el nuevo gobierno de Juan Manuel Santos debería ir considerando.

Es innegable que, aunque no derrotadas definitivamente, más que las contundentes las acciones de Álvaro Uribe contra ese grupo ilegal, hay una sociedad buscando alternativas pacíficas a sus problemas. Pero si no es ese el camino que estén mirando las FARC, el que lo haya dicho Chávez demostraría la soledad en que va quedando la concepción de la vía armada, y el terreno que ha ido ganando la batalla democrática, la única y verdadera manera de encarar los retos sociales de hoy, sin tanta muerte y tanta sangre como han implicado los experimentos guerrilleros en la región. La frase de Chávez podría estar abriendo paso al fin del conflicto más extenso y sangriento de la historia reciente de América Latina.