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La lucha contra el narcotráfico


Adelita Coriat (opinion@epasa.com) / Periodista

Me confieso una adicta al tema del narcotráfico, no a la droga. Es como un imán curioso que quiere escarbar hasta el fondo para saber todo el cuento; desde que le ofrecieron vender unos gramos y se clavó en el "negocio", hasta el otro extremo de la cadena, las razones por las que aparecen narices espolvoreadas de blanco. Detrás de estas personas aparecen historias trágicas. Irónicamente, por más sangriento o alucinante que parezca el multimillonario negocio del narcotráfico, quienes le entran lo hacen acompañados de una justificación que emana del más hondo sentido humano: conflictos del alma, orfandad, pobreza o hambre.

Para ellos, los narcos, son motivos genuinos que los impulsan a tomar decisiones sin medir la forma en que empeñan su vida, y hasta la de su familia. Cuando empiezan a hacer carrera y se dan cuenta de que pocos del equipo quedan vivos, ya es muy tarde para arrepentimientos. Una minoría decide abandonarla, se pierde, se esconde, se salva. Pero la mayoría termina en el encierro, y muchos, muertos.

Esta ruta criminal ha sido inspiración de estrategias de combate para muchos Gobiernos. Se han especializado cientos de aparatos con sofisticadas herramientas militares para abatir a los poderosos de la droga; han usado tanques, ejércitos, agencias especializadas contra el delito, unidades finamente entrenadas, fragatas, radares, aviones, inteligencia y miles de millones de dólares para detener el acelerado paso del tráfico de drogas. Pero los resultados, después de medio siglo, no han dado cifras alentadoras.

Se cuantifican más bien por los traficantes de segunda y tercera que abultan las cárceles, por las toneladas de cocaína incautada, la inversión monetaria, y capos que pagan condenas condicionadas a la información que pueda capturar a sus rivales. Ahora la contra se centrará en los adictos, la demanda, enfermos, en quienes requieren terapias para abandonar la droga. Se han dado a la tarea de digerir que la balanza no se inclinó en detener a los consumidores. En 2011 la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito se enteró que hasta 272 millones de personas en el mundo consumieron droga.

Así que en este replanteamiento, el pedazo más grande del pastel se lo comerán los programas de prevención y tratamiento, otro similar balanceará los programas policiales, y uno más pequeño se destinará a programas internacionales que detengan la droga antes de pisar suelo americano.

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Viernes 14 de agosto de 2026