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La madurez para el aprendizaje escolar


Paulino Romero C. (opinion@epasa.com) / Pedagogo, escritor, diplomático

Investigadores como teóricos han tratado de determinar las relaciones entre gran número de variables y la madurez para el aprendizaje escolar. Analizamos algunos de los factores que intervienen en la madurez escolar, tales como edad, intelectual, sexo, salud y estimulación ambiental.

La edad en que los niños están maduros para iniciar el aprendizaje escolar es un factor de mucha controversia, ya que la mayoría de los sistemas escolares existentes ponen la edad cronológica como requisito de ingreso y otros adoptan el criterio de edad mental. Aunque existe consenso de la relación entre edad mental y madurez, esta afirmación debe pensarse adecuadamente.

El cociente intelectual, considerado como ritmo de desarrollo, constituye un factor relacionado con la madurez para el aprendizaje escolar. Hubo una época en que la gente consideraba que una medida tan ponderable como la talla y el peso constituía un criterio adecuado para determinar si un niño estaba listo o no para iniciar el aprendizaje sistemático; un elevado puntaje en una determinada prueba de inteligencia suponía una razón suficiente para ingresarlo a la escuela, aunque tuviera poca edad cronológica. Conviene establecer una matizada diferencia entre el nivel de madurez y nivel de inteligencia. Un niño puede tener una inteligencia superior y a la vez ser inmaduro en determinada área específica.

Las diferencias de sexo aparecen marcadas en relación a crecimiento y maduración para el aprendizaje escolar. Algunos autores afirman que los niños maduran después que las niñas y estas, como grupo, aprenden a leer primero. Otros interpretan esta diferencia como producto de factores hereditarios en el desarrollo fisiológico: las niñas tienden a alcanzar la pubertad aproximadamente un año y medio antes que los niños. En relación al lenguaje, las niñas comienzan a hablar más temprano que los niños y poseen luego un vocabulario más amplio. En general, manejan mejor la escritura y el dominio de la ortografía.

Pese a lo concluyente de los datos en cuanto a la maduración más temprana de las niñas, la mayor parte de las escuelas

fijan una misma edad cronológica como criterio de selección para el ingreso a primer año básico. Niñas y niños asisten a la misma clase y participan simultáneamente en las mismas actividades y, aunque un grupo es más maduro que el otro, se espera que ambos realicen discriminaciones visuales y auditivas finas, mantengan el mismo nivel de atención, cooperen y realicen las mismas tareas.

La salud del niño es un factor relacionado al aprendizaje. El peso y la talla, en especial, reflejan el nivel de nutrición y de salud general; esto a su vez contribuye a dar una muestra del conocimiento y posibilidades de los padres en cuanto a la utilización de los recursos alimentarios y a la aplicación de principios de higiene y cuidado médico. Una salud deficiente puede constituir la base de dificultades en el rendimiento escolar. Factores como disfunción glandular, problemas nutricionales, amígdalas infectadas, alergias y resfríos frecuentes alejan al niño del colegio, y cuando asiste, aminora la posibilidad de realizar un esfuerzo sostenido debido a la disminución de la vitalidad y de la energía.

La estimulación psicosocial que el niño recibe de su ambiente (también llamado preescolar) constituye un factor altamente relacionado con la madurez para el aprendizaje escolar, porque afecta a la motivación, a los incentivos, al lenguaje y al desarrollo en general. El aprendizaje escolar presupone exponer al niño a la información sistemática. Para aprovecharla se requiere, previamente, de cierto tipo de experiencias.

Los niños que crecen en un hogar donde se conversa, se discuten ideas, se intercambian opiniones e informaciones, naturalmente tienden a desarrollar un lenguaje más rico y habilidad para expresar oralmente sus experiencias. A través del manejo de diarios y revistas se familiarizan con las letras y palabras impresas, con los cuadros y fotografías y saben que las palabras escritas “dicen” algo. Además, los viajes, excursiones, paseos proporcionan conocimientos y amplían los intereses y las experiencias.

La educación de los padres, la estabilidad del hogar, las oportunidades culturales de la comunidad son factores que determinan la cantidad y calidad de la información que recibe el niño e incentivan el aprendizaje.

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Viernes 14 de agosto de 2026