La mamá y sus muñecas…
Uno de los temas sociales pendientes que arrastra una larga cola es la educación sexual.
Las cifras de adolescentes embarazadas no han cambiado desde hace décadas; 1 de cada 5 embarazos es de una adolescente. Es un mal indicativo, pues mantiene un problema constante a nivel social de consecuencias iguales o peores. No estamos haciendo la tarea completa.
Aunque los números parezcan congelarse, las jóvenes inician a edades más tempranas su sexualidad, su exploración, y por lo general la información que cargan en las mochilas no es suficiente como para prevenir embarazos no deseados, sino enfermedades de transmisión sexual como el VIH, por decir lo menos.
La diferencia entre estos y los viejos tiempos es que en casa ya no quedan las abuelitas o las madres que se dedicaban a las tareas hogareñas, o los profesores que tocaban la puerta cuando notaban la ausencia del alumno. Eso quedó atrás, y los jóvenes parecieran crecer solos, sin un tutor que esté al tanto de su atención, o mas bien han cambiado la compañía y los consejos.
En estas casas la sexualidad es un tema ignorado, y como éste, otras recomendaciones como evitar la droga o las malas compañías le han ganado terreno a las madres. La comunidad ha trastocado sus valores; la plata manda en la mayoría de los casos, y distorsiona la óptica en que miran la vida quienes aún tienen un criterio por formar. Se cree que los embarazos no deseados ocurren más en las clases medias o bajas, pero no es así. Las jóvenes pudientes también atraviesan parte de este vacío, tal vez no culminen el embarazo, aunque no deja de ocurrir.
Somos una sociedad impregnada de la cosa sexual, quien no lo oye en la esquina lo ve en la televisión, en el Internet, en el cine, lo escucha en la música, en la radio. Ignorarlo es ridículo.
Es hora de hablar claro, decirle a los muchachos cuales son los riesgos del sexo, pero sobre todo es necesario orientar a la responsabilidad que acarrea el sexo, y que no se nos olvide que el amor debe ser el ingrediente principal.
Está comprobado que los jóvenes que tienen más información sobre el tema duran más tiempo en abstinencia y los índices de embarazos no deseados y enfermedades sexuales disminuyen considerablemente. No obstante en Panamá, carecemos de programas integrales eficientes que proporcionen herramientas a los jóvenes sobre el tópico. Se hace urgente hacer una revisión de nuestros planes académicos, que incluyan algo más que anatomía, y que apunten a un plan educativo minucioso que oriente a nuestros jóvenes.
Periodista.
