La manzana de la discordia
El discurso que muchos pensamos era exclusivo de los Kirchner, Evo Morales, Dilma Rousseff, Rafael Correa e inclusive Nicolás Maduro ha llegado a los Estados Unidos de América.
Muchos quedaron sorprendidos cuando el pasado 8 de noviembre en la contienda electoral celebrada en el país norteamericano salió victorioso el candidato presidencial que (sobre todos los latinos) tachan de: racista, abusador, despilfarrador, violento en contra de las mujeres y discapacitados, entre otros adjetivos peyorativos ignorando totalmente la situación que vive el país popularmente conocido como: “La Primera Potencia Mundial”.
Donald J Trump fue eco del sentir de un porcentaje importante de la población, de las personas que su familia ha nacido por generaciones en suelo norteamericano, como también de los “estado unidenses” de ascendencia extranjera que por “ius solís” obtuvieron la nacionalidad. Estas personas que a diario sienten las oportunidades y plazas de trabajo disminuyen y que las pocas que existen, son arrebatadas por un alto número de extranjeros. Trump pronunció las palabras correctas para convencer a este sector del electorado.
Resulta interesante analizar los resultados de dichas elecciones. La candidata Clinton fue la ganadora en el voto popular, sin embargo, por el particular sistema electoral de los Estados Unidos América basado en escuelas electorales y escaños por Estado, Donald Trump se convirtió en el presidente No. 45 de esta nación norteamericana. Estos números reflejan lo dañino que puede ser un discurso xenofóbico para un país y lo fácil que se pueden convertir estas palabras en la Manzana de la Discordia. Al momento que Trump asuma la primera magistratura del país deberá gobernar a un país totalmente dividido y cargado del odio a los extranjeros que él mismo auspició lo que resultará bastante difícil. En algún momento los mismos ciudadanos que aplaudieron el destierro de los extranjeros exigirán que el Presidente cambie su discurso radical.
No pretendo mediante el presente escrito lamentarme por la pérdida de la candidata Hillary Clinton en la pasada fiesta electoral y mucho menos apoyar sus propuestas radicalmente liberales sino que en calidad de estudiante de derecho me es imposible callar mi descontento ante un discurso que plantea una nacionalidad es superior a otra, lo que resulta una violación directa e indiscriminada a los Derechos Humanos.
Muchos panameños criticaron a aquellos que seguían de manera constante desde nuestro país las elecciones norteamericanas, alegando que no es de nuestra competencia comentar sobre esto, sin embargo, al momento de contrastar dicha situación con nuestro querido país de la 'S' acostada nos percatamos que no estamos muy lejos de la realidad que vive EEUU. El discurso que dividió Sudamérica y ahora EEUU está llegando a Panamá y cada vez se le da más cabida.
Durante meses pasados se han iniciado campañas en redes sociales en contra de los extranjeros en nuestro país, sobre todo, contra venezolanos y colombianos. Al abordar este tema hay que ser cauteloso toda vez que la campaña negativa debe ser taxativa al destacar que es en contra de los extranjeros ilegales en Panamá. Cuando menciono que debe enfocarse en los extranjeros ilegales no sugiero que los legales no cometen fechorías (como pudiera hacerlo cualquier panameño) si no que luego de cometido algún hecho antijurídico, el Estado panameño mantiene cierto control sobre ellos como lo es: un registro de entrada, salida y formularios con generales de la persona en caso de ser necesario utilizar su función punitiva. En cambio, es evidente que es complicado que el Estado ejerza su función punitiva conforme a la Ley, a una persona que no se conoce ni su nombre verdadero.
Resulta oportuno destacar que un importante porcentaje de los extranjeros que invierten dinero y tiempo en legalizar su estatus migratorio es porque desean asentarse en nuestro país, aportando en trabajos manuales, de oficina o invirtiendo en negocios que deben tributar y esto representa un ingreso para Panamá, es decir, este grupo está conformado por extranjeros que vienen a ganarse la vida porque su país de origen atraviesa las crisis económicas y políticas que son de conocimiento de todos nosotros y que, en algún momento, los panameños también vivimos en dictadura militar (1968-1989) y tuvimos que migrar a países vecinos o simplemente extranjeros que consideran Panamá proporciona una buena calidad de vida a sus ciudadanos y deciden mudarse. La campaña no debe ser en contra de los extranjeros que aportan elementos positivos a nuestro país y que han adoptado a Panamá como Patria putativa.
Es indudable que nuestro país ha sido un lugar de tránsito desde mucho antes del descubrimiento de América y nos resulta imposible cerrar nuestras fronteras a extranjeros considerando también que nuestro mayor activo es el turismo. Aquel discurso xenófobo de “Panamá para los panameños” resulta totalmente absurdo en un país tan diverso y plural. ¿Quiénes somos “los panameños”? Los panameños somos hijos de aquel colombiano, venezolano, tico, mexicano, haitiano, cubano, europeo, africano o asiático que llegó a suelo patrio en virtud de innumerables situaciones que pudiesen ser o no desfavorables y que los hizo emigrar hasta esta tierra. En Panamá no existe una raza “aria” como lo intentaba hacer ver Hitler, en Alemania, con su discurso de 1938 y ahora como lo plantea entre líneas Donald Trump. Panamá siempre ha sido un Crisol de Razas.
Apoyo totalmente la tesis que las políticas migratorias deben modificarse a fin de convertirse en regulaciones estrictas en función de impedir a aquel extranjero del malvivir que llegue a Panamá solo a cometer hechos punibles y regrese a su país impune. Además, que las autoridades deben regular tarifas y costos en ámbito comercial, de manera que los extranjeros no representen una competencia desleal para el nacional. Pero apoyo también que dichas políticas deben brindarle igualdad de condiciones al extranjero que gestionó su documentación por la vía legal y viene al país a trabajar, estudiar, investigar...de manera honrada junto con nosotros los panameños. Debemos disminuir campañas negativas huecas, cimentadas en mero nacionalismo y que no poseen un fondo real, fáctico y objetivo en qué sustentarse. Panamá es la mano saludando al que acaba de llegar.
Estudiante de Derecho