La masacre de Las Vegas

Por: Redacción 15/10/2017

Todos los días se cometen crímenes en todas partes del mundo, pero cuando se dan a conocer las informaciones, hay mucha selectividad, ya que dependen de los criterios de los divulgadores. Muchas cosas se dicen, a favor y en contra, incluso con "certeza y carácter definitivo", sin que se concluyan los procesos legales correspondientes. Con la globalización y democratización de las comunicaciones, es casi nula la probabilidad de que las noticias se transmitan y se analicen con objetividad. A muchos les apasiona apercibirse de lo mal que está el mundo. No encuentro otra forma de entenderlo o decirlo.

Un reflejo de esto es la masacre de Las Vegas. Según tengo entendido, Stephen Paddock, de 64 años, desde el piso 32 de un hotel, disparó, por casi 10 minutos, a más de 20 mil personas que estaban en un festival musical, y dejó al menos 59 muertos y más de 500 heridos hasta que fue neutralizado por agentes de seguridad, aunque se difundió que este atacante, al finalizar su acto terrorista, se suicidó. Hasta el momento se desconocen sus motivaciones, aunque se sabe que su padre (Benjamin Paddock) tuvo un gran historial delictivo.

Hay un dato curioso que se puede apreciar en las redes sociales. Se trata de un predicador que, en las inmediaciones del evento musical, antes de la masacre en cuestión, con un megáfono, confrontaba a quienes pasaban frente a él, con mensajes "bíblicos". Entre las cosas que este mensajero profería (en inglés), a los transeúntes del festival, era: "Ustedes buscan sexo, drogas y rock and roll. Sabían que se van a ir al infierno. ¿Cierto? Dan pena".

En las referidas redes se leen muchísimos comentarios que justifican la masacre de Las Vegas, por aquellos que ignoraron y se burlaron del predicador, y, por esta clase de comentarios, debo expresar mi profunda consternación. Por cierto, todos tenemos un día para fallecer, y es temerario, descomedido y un dislate afirmar que la forma en que murieron estas personas es consecuencia de no haberle prestado atención a este predicador, o porque eran fumadores, alcohólicos, lascivos y seculares.

En una multitud, en medio del ruido y la efervescencia propia de un evento musical, es improbable que las personas se enfoquen en lo que no es su objetivo principal, especialmente con un predicador que, por cierto, utilizó un lenguaje poco conciliador. Claro que el pecado está mal, y hay que denunciarlo, pero cuando nos dirigimos a las personas, hay que hacerlo con sabiduría, prudencia, empatía, asertividad, respeto y amabilidad.

A los cristianos les digo humildemente, pero con firmeza, que no somos mejores que los demás. Aprendamos a llegarle a la gente, con amor, misericordia, templanza y mansedumbre, no con presiones, amenazas ni retóricas religiosas.

Abogado y locutor.

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Lunes 13 de julio de 2026