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La mejor inversión, la educación


Durante mi formación profesional como abogado y mediador fui motivado a incursionar en un campo del cual he tenido mucho respeto y admiración: la docencia. Y de la cual, confirme una vocación hermosa: la de enseñar.

Para ello, tuve que aprender a desaprender y aprender a aprender. Conceptos que parecieran ser antagónicos, pero que están revestidos de un cambio profundo en el paradigma del proceso enseñanza-aprendizaje.

La educación basada en competencia, que no son más que las habilidades y destrezas que el docente debe despertar en el estudiante para su formación profesional, y para su formación como ser humano.

Es triste ver cómo no se ponen de acuerdo las partes que están involucradas en la educación. A pesar que nuestro calendario escolar es elevado en comparación a otros países latinoamericanos, las huelgas, protestas y hasta nuestros propios días nacionales se convierten en verdugos de la educación panameña.

Un verdadero diálogo enfocado en mejorar de la educación, puede ser la base para construir acuerdos eficaces para lograr de forma programada la consecución de fines específicos como, el aumento de salario y rescate de la dignidad del educador; aplicar nuevos métodos de enseñanza; la participación activa de los padres de familia en el sistema educativo; la inserción de las empresas en programas educativos a través de becas; lograr que los profesores del nivel superior realicen investigaciones. Para ello se deben realizar acuerdos de cooperación empresa-universidad y así producir nuevos productos y tecnologías. Y para refutar a los incrédulos que creen que estas cosas no se pueden hacer, o aquellas que dicen para hacer eso hay que vivir en otro país, los invito a que iniciemos una campaña contra nuestra mentalidad perezosa, contra nuestro espíritu embrutecido. No demos ocasión a la mediocridad, porque no hay nada más mediocre que una persona rutinaria y conformista.

Yo he escuchado decir a muchos docentes y hasta rectores de universidades que estamos bien. Yo les digo que según la Academic Rankings of World Universities (ARWU), que es una de las más prestigiosa y fiables, nuestras universidades no se encuentran registradas ni entres las 500 mejores del mundo.

Nos falta humildad para reconocer que estamos mal y nos falta valor para empezar una verdadera reforma en nuestro sistema de educación. Los cambios que se están suscitando en nuestra educación, no son suficientes, se requiere más esfuerzo y sólo se podrá lograr con la ayuda de todos. Hay que invertir en la educación, eso reducirá la pobreza.

Debemos de dejar de pensar que estamos bien para ser un país en vía de desarrollo. Debemos decir hay que mejorar el sistema para ser un país de primer mundo.