La mentira de las candidaturas independientes
(Ingeniero y analista político.)
Desde hace algunos años, la mal llamada sociedad civil y el Tribunal Electoral de Panamá han puesto sobre la mesa de discusión pública el tema de las candidaturas independientes. Entiendo que esas personas a las que les cuesta pertenecer a una estructura organizada llamada partido político y que se cubren bajo un manto de legitimidad para abrogarse la representación de todos los que no están inscritos en una organización política quieran disminuir la influencia de los partidos.
Entiendo que quienes no quieren escoger una ideología o una plataforma política o simplemente seguir a un dirigente, quieran convertirse de gratis en garantes de la voz de quienes realmente representan. Usualmente, estas estructuras no mayores de 50 personas llamadas “sociedad civil” son financiadas por intereses económicos muy bien identificados que las utilizan para su vocería como si fueran parte de sus corporaciones comerciales.
Eso lo entiendo. Lo que no entiendo es la posición del Tribunal Electoral. Desde el comienzo, la iniciativa de brindar participación a independientes a los puestos de elección popular ha sido un rotundo fracaso. Y no debido a que no haya sido electo ningún candidato por libre elección. Ya hay casos incluso en el distrito de Panamá de elecciones de independientes.
Lo que está claro es que casi ninguno ha terminado su periodo bajo la denominación independiente. Al final, es evidente que los electos independientes prefieren esta nueva fila corta para ser parte de las estructuras directivas de los partidos, ahorrarse las primarias y los gastos que estos conllevan.
Si ya el Tribunal Electoral lo sabe, ¿por qué insiste en el tema? Es más, en esta elección tenemos candidatos independientes que evidentemente han improvisado su candidatura o son el fruto de discrepancias internas en alguna sigla política.
Si bien es cierto que el Tribunal Electoral destina una cantidad de presupuesto a los partidos para su fortalecimiento, ha resultado completamente contraproducente esta fracasada iniciativa de promover la participación “independiente”.
Si algún día estudiamos la verdadera razón por la cual todos nuestros partidos políticos son débiles en su estructura e institucionalidad interna, así como ideología y programas, veremos que este tema de las candidaturas independientes no ayuda tampoco.
Es más, a este paso, vamos rumbo a lo sucedido en países sudamericanos, donde los movimientos personalistas están en muchas ocasiones por encima de los partidos políticos, muchos de los cuales con gran trayectoria, pero permitieron la trampa de las “candidaturas independientes”.
Fortalecer el sistema democrático no es negociable. Independientemente de lo que suceda electoralmente en el país, la clase política está en la obligación de revisar esta figura que no aporta nada.
Podría iniciar toda una teoría conspirativa sobre el tema. Pero prefiero, por esta vez, dar espacios a la reflexión que el tema requiere. ¿Dónde está toda esa gente que entre periodos presidenciales aparece en televisión y radio hablando en nombre de grupos conformados por 5 o 6 personas? ¿Por qué no se postularon?
Que haya personas que iniciaron el proceso para postulaciones a presidente, diputados, etc., y hayan terminado dentro de las listas de los partidos políticos, es una falta de respeto a la ciudadanía. No importa por donde se le vea. Es el equivalente a ser electo por un partido y a medio término cambiar a otro.
Lo que más me preocupa es que esta revisión debe ser liderada por el Tribunal Electoral de Panamá. Me gustaría saber si existe la voluntad política para que lo que hemos visto hasta el más reciente torneo electoral sea corregido, para no dar cabida a personas inescrupulosas que quieren entrar en política con fines alejados de propiciar el bien común.
Ya es el momento de que nuestros partidos comiencen una etapa de consolidación. Para eso es necesario que todos los involucrados generen las condiciones para que la militancia en los mismos sea promovida, así como la vida interna dentro de los mismos.
Es muy fácil hacer política desde fuera de los partidos. Solo falta un medio de comunicación y ahí vamos. Por eso es que hay muchos periodistas que, en vez de ser orientadores de opinión pública, han terminado como periodistas militantes, relatores de una verdad que solo les conviene a quienes les bajan la línea editorial o para sus propios y mezquinos intereses.
Terminaremos, de no ser corregido el error, lamentando haber mirado para otro lado cuando se podía hacer algo. Ya debe estar más de uno planeando su arribo a la arena política, bajo el paraguas de una idea que no beneficia a nadie, sobre todo al país.